Presbiteriano Reformado - El Principio Regulativo Parte II



El Fundamento para Reforma:

El Principio Regulativo de Adoración

Parte II

Por Rev. Greg L. Price

El gran reformador escocés, John Knox, resumió el Principio Regulativo de Adoración así, «Toda alabanza, honra o servició inventado por el cerebro del hombre en la religión de Dios, sin su explícito mandamiento, es idolatría» (Obras, Vol. III, Pág. 34). Para Knox y para otros reformadores, uno no tenía que construir una imagen y arrodillarse sobre manos y rodillas ante ella para ser culpable de idolatría. No, Calvino, Knox, Gillespie, Rutherford, Owen, etc. entendieron que la idolatría es cualquier cosa que el hombre construye o que inventa por su propia imaginación vana, [pero] que no tiene la aprobación clara de Dios, y que es introducida a la adoración pública de Dios.

Continuamos con nuestro estudio de este gran principio bíblico que guía al pueblo de Dios cuando se presenta sobre lugar santo ante el Dios vivo para venerarlo y adorarlo: el Principio Regulativo de Adoración pública de Dios. Por lo menos hay cuatro maneras legítimas por las cuales podemos establecer la autorización divina para el Principio Regulativo de la adoración pública de Dios. (1) Por vía de la Libertad Cristiana.

Los oficiales de la iglesia no pueden ligar legítimamente las conciencias del pueblo para llevar a cabo cualquier acción, ademán, o ceremonia religiosa que no estén prescritos por Palabra de Dios porque Dios es solamente el dueño de la conciencia. Si se hace esto sin la autorización de Dios es ejercer tiranía eclesiástica.

(2) Por vía de Abusos.

Abusos y más abusos en la adoración pública de Dios surgirán inevitablemente en las iglesias que no se apeguen diligentemente al Principio Regulativo de Adoración (que procura la autorización bíblica para cada acción, ademán, símbolo, y ceremonia religiosa en la adoración pública de Dios). Tales abusos incluyen establecer varios medios para adorar, tales como imágenes visuales de las personas de la Trinidad, santos, cruces, velas, banderas, dramas, bailes; o imágenes auditivas, tales como instrumentos musicales, bandas, orquestas, coros, y otra clase de música especial; o imágenes olfativas que emiten aromas y que apelan al sentido del olfato, tales como el incienso. Si la adoración pública de Dios del Nuevo Testamento, que ha sobrepuesto los tipos y las sombras de adoración del Antiguo Testamento (Heb. 7:18-19, 22; 8:4-6, 13; 9:1-5; 10:1-9) no da lugar a prácticas, ademanes, símbolos, o ceremonias, entonces no tenemos autorización divina para usarlas en la adoración pública de Dios. [Sin embargo] cuántas iglesias son trastornadas hoy día con el uso de bandas musicales en un servicio de adoración, pero que tampoco pueden encontrar apoyo bíblico para sus pianos u órganos en el Nuevo Testamento como aquellos que usan guitarras, tambores, etc. Otros no permiten tener crucifijos en el lugar de adoración, pero estos ignoran que sus cruces, sus banderas o sus árboles de Navidad en el lugar adoración tampoco tienen autorización divina en el Nuevo Testamento. El único principio que puede prevenir tales abusos en la adoración es un principio que prohíba toda acción, ademán, símbolo, y ceremonia que no tenga la autorización de las Escrituras del Nuevo Testamento: este principio es el Principio Regulativo de la adoración pública de Dios.

(3) Por vía de Textos Bíblicos.

Textos bíblicos específicos demuestran que Dios abomina toda invención humana en su adoración (Gén. 4:1-15; Lev. 10:1-3; Éxo. 40:16-32; Deut. 5:8-10; 1 Crón. 13:5-10; Mar. 7:1-13; Juan 4:19-24; 1 Cor. 7:23; 2 Cor. 1:24; Col. 2:8, 20-23; Heb. 8:5-6; 10:1-10 etc.).

(4) Por vía de Principios Teológicos.

Considere cómo los siguientes principios teológicos colocan una base sobre la cual el Principio Regulativo de adoración se construye.

A. La suficiencia de las Escrituras

Pregunta: ¿Es la Palabra de Dios adecuada y suficiente para enseñar al hombre todo lo que el hombre necesita saber cómo él debe agradar a Dios? Absolutamente, pues Dios declara por el apóstol Pablo en 2 Tim. 3:16-17, «Toda Escritura es inspirada divinamente y útil para enseñar (esto es doctrina), para redargüir (esto es para convencer de pecado), para corregir (esto es para dirigir rectamente a uno en la verdad), para instruir en justicia (esto es para enseñar a uno en todo lo que Dios requiere de él o de ella), para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruido para toda buena obra.» Ahora bien, este es [un principio] bastante completo. Pero observemos el propósito o fin que Dios tiene en vista al darnos las Escrituras, «que el hombre de Dios sea perfecto (el léxico de Gingrich, Bauer, y Arndt declara con respecto a la palabra griega utilizada aquí para «perfecto» que significa, «Completo, capaz, competente = capaz para cumplir con toda demanda»), enteramente instruido para toda buena obra» (que incluiría cómo adorar a Dios). Como el apóstol Pablo dirigió estas palabras a un evangelista joven (Timoteo es un «hombre de Dios» en el sentido estrecho de un ministro de Dios), todo ministro y anciano se incluye también aquí específicamente. [Pero] aquel principio de adoración que dice que el hombre puede agregar a la adoración cualquier cosa qué Dios no prohíbe específicamente, está enseñando que las Escrituras no son suficientes para enseñarnos cómo adorar a Dios, está enseñando que la adoración de Dios necesita las ideas innovadoras de los hombres para ayudarnos en nuestra adoración pública de Dios. La Confesión de Fe de Westminster niega que necesitemos algo más que las Escrituras en nuestra adoración pública de Dios: «Sólo Dios es el Señor de la conciencia, y la ha dejado libre de los mandamientos y doctrinas de hombres que sean en alguna forma contrarios a su Palabra, o estén al margen de ella [o sea lo que se añade a Su Palabra –GLP] en asuntos de fe o de adoración» (20:2).

B. La Soberanía de Dios

El Principio Regulativo de Adoración declara que Dios es sólo soberano en la adoración. El Principio Regulativo de Adoración aplica simplemente los principios del Calvinismo (esto es el Dominio soberano de Dios) a la adoración; mientras que la posición que sostiene que lo que Dios no prohíbe en la adoración pública se permite es una aplicación de los principios del Arminianismo (esto es el dominio soberano del hombre) a la adoración. Así como el hombre caído naturalmente procura imponer su voluntad en la salvación (por ejemplo «puedo cooperar con Dios en mi salvación», o «tengo libertad natural para aceptar a Cristo»), así también el hombre caído naturalmente procura imponer su voluntad en la adoración pública de Dios («puedo cooperar con Dios en la adoración pública de Dios agregando lo que yo deseo siempre y cuando Dios no lo prohíba específicamente»). Pero como Dios condena una salvación centrada en el hombre, así también Dios condena una adoración centrada en el hombre (Colosenses 2:23 condena específicamente toda adoración voluntaria, es decir toda adoración pública de Dios establecida o inventada por el hombre).

C. El Engaño Del Corazón Humano

Dios declara, «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» (Jer. 17:9). Aún los corazones regenerados de los creyentes sinceros son susceptibles a ser engañados por el orgullo. Por eso Dios instruye continuamente a los creyentes, «Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no estribes en tu prudencia.» (Prov. 3:5, énfasis agregado); o «El que confía en su corazón es necio...» (Prov. 28:26, énfasis agregado); o «Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más [más sublimes--GLP] que vuestros pensamientos.» (Isa. 55:8-9, énfasis agregado). Ciertamente esto incluye todo pensamiento y maneras del hombre en cuanto a la adoración. Mis estimados hermanos, ni ustedes ni yo somos dignos de confianza en ofrecer nuestros propios pensamientos o maneras a Dios en su adoración pública.

D. La Suficiencia de Cristo como Profeta, Sacerdote, y Rey de Su Iglesia

Al pasar de todas las ceremonias ordenadas por Dios en la Adoración del Antiguo Testamento (todas las cuales señalaban a Cristo y al Nuevo Testamento), Cristo no dejó el asunto de adoración al hombre para decidir lo que era apropiado para la adoración pública del Nuevo Testamento. Cristo no sólo es un Salvador suficiente para redimir todo Sus elegidos, Él es también un Profeta suficiente para darnos todas las palabras de Dios con respecto a la adoración pública del Nuevo Testamento. Él es un Sacerdote suficiente para presentarnos a nosotros y a nuestra adoración pública aceptable y agradable a un Dios santo. Y Él es un Rey suficiente al reinar sobre Su iglesia en su doctrina (no en doctrinas inventadas por el hombre), en su gobierno (no en oficios inventados por el hombre), en su disciplina (no en leyes inventadas por el hombre), y en su adoración pública de Dios (no hay en prácticas en la adoración pública inventadas por el hombre). Lo qué Cristo – su perfecto Profeta, Sacerdote y Rey – no ha instituido por Él mismo ni por Sus apóstoles en las Escrituras del Nuevo Testamento no se permite en la adoración pública del Nuevo Testamento. Todo lo que pertenece a la ley ceremonial ha sido abolido en Cristo. Esto es la enseñanza clara de la Confesión de Fe de Westminster (7:5-6):

«Este pacto fue administrado en manera diferente en el tiempo de la ley y en el tiempo del Evangelio: Bajo de la ley, fue administrado por promesas, profecías, sacrificios, circuncisión, el cordero pascual y otros tipos y ordenanzas entregados al pueblo judío; y todos señalaban al Cristo que había de venir: y eran suficientes y eficaces, para ese tiempo por medio de la operación del Espíritu, para instruir y edificar a los escogidos en la fe en el Mesías prometido, por quien tenían plena remisión de pecados y salvación eterna. A este pacto se le llama el Antiguo Testamento.

Bajo el Evangelio, cuando Cristo, la sustancia, fue manifestado, las ordenanzas por las que este pacto se administra son: la predicación de la Palabra, la administración de los sacramentos del bautismo y la Cena del Señor: y aun cuando son menos en número y están administrados con más sencillez y menos gloria exterior, sin embargo, en ellas, el pacto se muestra a todas las naciones, así a los judíos como a los gentiles, con más plenitud, evidencia y eficacia espiritual, y se le llama el Nuevo Testamento. Con todo, no hay dos pactos de gracia, diferentes en sustancia, sino uno y el mismo, bajo diversas dispensaciones.»

1. Autorización Bíblica Adicional para el Principio Regulativo de Adoración Tomada del Antiguo Testamento

Ahora yo quiero continuar un poco más con apoyo del Antiguo Testamento para establecer aún más la autorización bíblica para el Principio Regulativo de Adoración. En Parte 1 de este estudio mencioné el segundo mandamiento en Deuteronomio 5:8-10 y el suceso de Nadab y Abiú a quienes Dios hirió por añadir a la orden de Dios en la adoración pública (Levítico 10:1-3).

A. Génesis 4:1-8

Miremos ahora el relato del primer servicio (registrado en la Biblia) de adoración: Gén. 4:1-8. ¿Por qué no aceptó Dios la ofrenda de Caín? Yo creo que, aunque Caín no tuvo una fe bíblica verdadera (Heb. 11:4), ni tampoco trajo la ofrenda específica en la adoración que Dios ordenó traer, sin embargo Caín manifestó su incredulidad al añadir a la adoración instituida por Dios. Ahora bien – previamente a Caín que trajó un sacrificio sin sangre al Señor – no hay prohibición concreta de ofrecer los frutos de la cosecha mencionada en el texto. El texto nos podría hacer concluir que Caín creyó sinceramente que él traía una ofrenda aceptable a Dios como un acto de adoración en vez de traer una ofrenda que Dios había previamente prohibido. Caín, sin embargo, estaba sinceramente equivocado («Hay camino que al hombre parece derecho; Empero su fin son caminos de muerte» Prov. 14:12). El texto dice, «El Señor miró con agrado á Abel y á su ofrenda, más no miro con agrado á Caín y á la ofrenda suya » (Gén. 4:4-5). Una actitud de enojo de parte de Caín se menciona después que la ofrenda de Caín no fue aceptada por Dios, pero no antes. Además, en el versículo 7 cuándo Dios advierte a Caín con respecto a su enojo, Dios lo amonesta, «Si bien hicieres, ¿no serás ensalzado?» (énfasis agregado). La insinuación es que él hizo o que actuó contrario al mandato de Dios al traer su ofrenda en la adoración, y no que él era insincero en traer su ofrenda (la misma cosa se insinúa en Heb. 11:4 y 1 Juan 3:11,12 donde la acción o sacrificio de Caín se observa). El hecho de que Abel actuó en fe (como se enseña en Heb. 11:4) implica necesariamente que Dios debe haber dado instrucciones concretas en cuanto al sacrificio aceptable que Dios requería al ser adorado. Abel obedeció el mandato de Dios, Caín añadió al mandato de Dios en la adoración pública. Caín agregó algo más de su propia invención a la adoración de Dios, y ni él ni su ofrenda fueron aceptables ante de Dios.

La adoración jamás es un asunto de preferencias o gustos. La adoración pública de Dios es siempre un asunto que se demanda. Como Caín muchos ministros y ancianos de hoy creen que tienen autoridad a su discreción para introducir acciones, ademanes, símbolos, y ceremonias que simplemente brotan del antojo humano en la adoración pública de Dios. La Palabra del Señor es tan verdadera a los ministros de hoy como lo era para los gobernantes de Jerusalén: «¿Quién demandó esto de vuestras manos, cuando vinieseis á presentaros delante de mí, para hollar mis atrios?» (Isa. 1:12, énfasis agregado). La pregunta no es, «¿Quién ha permitido esto en Mis atrios?» Al contrario la única pregunta bíblica es ésta: «¿Requiere Dios esto o eso en la adoración pública de Dios?» Porque Caín creyó que él tenía autoridad a su discreción para ejercer sus gustos al traer la clase de ofrenda a Dios que él deseó para adorarlo, fue tristemente desilusionado, se llenó de envidia, luego se enojó, y mató a su hermano. ¡Cuántos pleitos en las iglesias se prevendrían si miembros no lucharan para imponer sus propios antojos humanos en cuanto a lo que sería lo mejor usarse en la adoración pública de Dios! Cuándo usted presenta su opinión contra la opinión de otros, va a ser la mayoría que va a prevalecer o aquel individuo con el garrote más grande, pero no va a ser la Palabra autoritaria de Dios que debe prevalecer. Desde el principio con la primera familia, la primera expresión de la iglesia visible, y el primer registro de un servicio de adoración – el Principio Regulativo de Adoración ha prevalecido.

B. Éxodo 25:8-9; 40:16-32

No es solamente las acciones, ademanes, y ceremonias religiosas que fueron reguladas por el mandato de Dios, pero también cada aspecto del tabernáculo y todo su mobiliario e incluso la ropa simbólica religiosa de los sacerdotes. Nada fue dejado a la imaginación del hombre en la adoración pública de Dios (mire 1 Crón. 28:11-19). Observe cuantas veces Dios ordena que todas las cosas relacionadas a la adoración pública de Dios sean hechas «conforme a todo lo que Yo te mostrare», o «conforme a todo lo que el SEÑOR le había mandado» (unas 37 veces en Éxodo 25-40 allí son mencionados el hecho que todos los asuntos relacionados a la adoración fueron hechos conforme al mandamiento de Dios o de Moisés, el profeta de Dios).

Algunos ministros se han opuesto a que toda acción, ademán, símbolo, y ceremonia religiosa sea sometida bajo el análisis del Principio Regulativo de la Adoración. [Afirman que] «Solamente los elementos o partes comunes de la adoración deben ser juzgados por el Principio Regulativo de Adoración (tal como la oración, la lectura de las Escrituras, la predicación de la Palabra de Dios, la administración de los sacramentos). Sin embargo, las acciones religiosas (o las circunstancias) que los ministros utilizan para realizar estos elementos de adoración están bajo un poder discrecional en vez de sujetarlos estrictamente al Principio Regulativo de Adoración.» En respuesta, es verdad que hay ciertas circunstancias «con respecto a la adoración pública de Dios» (circa sacra) que siendo «común a las acciones y sociedades humanas» no son regulados por la autorización específica de Dios en las Escrituras, sino por «la luz de la naturaleza y prudencia cristiana, pero guardando siempre las reglas generales de la Palabra» (cf. La Confesión de Fe de Westminster, 1:6). Esto incluiría circunstancias, tales como la ubicación y los tiempos de sus servicios, etc. Sin embargo, todas circunstancias (acciones, ademanes, símbolos, y ceremonias religiosas) empleadas en la adoración (in sacra distinguido de circa sacra) para realizar la adoración religiosa debe tenerse la autorización divina. Si tal no es el caso, entonces las imágenes de la iglesia de Roma (católica romana) como ayudas de adoración no pueden ser condenadas legítimamente porque no son elementos de adoración pero meramente circunstancias de la adoración pública de Dios. Además, si algo en la adoración se considera como elemento de adoración o circunstancia durante la adoración realmente no es pertinente si está prescrita verdaderamente por Dios en las Escrituras.

Las instrucciones específicas con respecto a la construcción del Tabernáculo, la construcción del mobiliario dentro del Tabernáculo, las prendas de vestir de los sacerdotes, la consagración de los sacerdotes, las varias ofrendas, y las regulaciones de los días de reposo están detalladas en Éxodo 25-40. Mucho que allí se detalla caería en la categoría de circunstancias de adoración en vez de elementos de la adoración, pero aun Dios prescribió específicamente todas estas circunstancias. Cuando examinamos con cuidado Éxodo 25-40, se vuelve muy claro que Dios es celoso para la adoración que es de acuerdo a Su voluntad aún en lo que muchos quizás llamarían «detallitos». Concedemos, que todo éstos «detallitos» específicamente asociados con el Tabernáculo del Antiguo Testamento han desparecido en el Nuevo Testamento y sin embargo el principio que toda circunstancia «en la adoración» (in sacra) debe tener aprobación divina se requiere de igual manera tanto en la adoración del Nuevo Testamento como en la del Antiguo Testamento. Sólo esas circunstancias que son comunes a acciones humanas y reuniones humanas (por ejemplo, el número específico de puntos en el sermón del ministro, el número específico de salmos y oraciones usados durante la adoración, la clase de asientos, el color de la alfombra o el mosaico usados en el lugar de la adoración, la ubicación y el tiempo de la adoración etc.) no se requiere que sean regulados por un mandato específico de Dios. ¿Y qué acerca de cantar Salmos a diferencia de cantar himnos que no son de Inspiración Divina? ¿Qué acerca del uso de instrumentos musicales en la adoración pública? ¿Qué acerca del uso de cruces, banderas, velas, incienso, y túnicas especiales para ministros? Preguntas como éstas no corresponden ni se identifican con acciones humanas ni con otras reuniones humanas, pero tienen en si mismas un carácter religioso específico y así deben ser reguladas por la autorización concreta del Nuevo Testamento.

C. 1 Crónicas 13:5-10

Aparte de una comprensión adecuada del Principio Regulativo de Adoración (o sea, lo qué Dios no ha ordenado está prohibido en la adoración pública), no hay razón dada para las acciones severas que Dios tomó al herir Uzza y castigar a David quien autorizó mover el Arca de Dios. Ciertamente, Uzza no fue herido por tener malas intenciones (por lo menos nada en el texto nos llevaría a esa conclusión). Fuese lo que fuese, uno muy bien podría afirmar que las intenciones de Uzza eran nobles — él se preocupó por el Arca de Dios y procuró protegerla. Aquí — en un día gozoso de gran celebración para el pueblo de Dios, cuando el Arca de Dios estaba en camino a la ciudad de Jerusalén para que Dios fuese honrado allí por su pueblo y ser buscado por ellos (1 Crón. 13:3) — Dios interrumpió repentinamente este servicio ambulante de adoración del pueblo al herir Uzza. ¿Por qué? Porque las circunstancias o restricciones prescritas con respecto a la Arca del Pacto fueron violadas o infringidas. Y la infracción del Principio Regulativo de Dios, por parte de ellos, consistió por lo menos en tres áreas:

Al aplicar el principio que la mayoría de las iglesias de hoy siguen (a saber, lo qué Dios no prohíbe explícitamente es permitido en la adoración pública de Dios), estas iglesias habrían aprobado la acción de Uzza y quizás aún se hubieran unido para transportar el Arca a cambio de su propia destrucción. David aprendió de una manera dura que nada se debe añadir, ni quitar de las instrucciones de Dios en cuanto a lo que se relaciona con Su adoración. Cuando David organizó una segunda procesión de adoración para traer el Arca a Jerusalén, él corrigió sus errores previos con el resultado que el pueblo de Dios recibió mucha bendición y gozo pero lo más importante es que Dios fue honrado y tratado como es digno, a saber como un Dios santo (1 Crón. 15:1-15).

2. Objeción

Ahora si pasamos del Antiguo Testamento y venimos al Nuevo Testamento, muchos quizás sean tentados a decir, «Dios ahora ha disminuido Sus normas o estándares rígidos con respecto a la adoración pública de Dios en el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento era una época de sujeción estricta a la Ley, pero con la venida de Cristo hay gracia y libertad para adorar a Dios como nosotros queramos o creamos que sea mejor. Dios, ahora, no es alguien que se detiene en pequeñeces.»

Para contestar esta objeción, considere los siguientes principios.

A. Ciertamente han habido cambios en cuanto a la adoración del Antiguo Pacto y a la adoración del Nuevo Pacto. Pero es Cristo nuestro Profeta, Sacerdote, y Rey que los ha hecho, no el hombre. Las leyes ceremoniales tenían mucho que decir acerca de la adoración. El templo, el sacerdocio, los días de fiesta, y el sistema sacrificial hablaban de Cristo y de Su obra redentora al introducir un Nuevo Pacto. Así, todo esos actos ceremoniales de adoración en el Antiguo Pacto eran «sombras» de lo que había de venir (Heb. 10:1). De manera que cuando el cuerpo o sustancia (a saber Cristo, el Mediador del Nuevo Pacto) que proyectaba las sombras, vendría, el continuar con las sombras del Antiguo Pacto sería una deshonra a Cristo y a Su obra consumada y una violación explícita del Nuevo Pacto. Sin embargo, eso no significa que Cristo ahora ha dejado la adoración en el Nuevo Pacto a las invenciones del hombre o que Sus normas son ahora menos estrictas.

B. El creyente del Nuevo Pacto no es menos responsable para adorar a Dios como Él ordena, al contrario es más responsable. Los creyentes hebreos en la Epístola a los Hebreos fueron tentados a dejar de asistir a la adoración pública de Dios, pero el escritor inspirado les advierte que el Nuevo Pacto aumenta su responsabilidad en vez de disminuirlo (Heb. 12:25-29). Cristo declaró, «á cualquiera que fuere dado mucho, mucho se le demandará » (Luc. 12:48). La venida de Cristo nos ha traído tremendas bendiciones, mis Amados, pero también Su venida ha traído mayor conocimiento y entendimiento de la voluntad de Dios, y por consiguiente mayor responsabilidad.

C. Las cuatro verdades teológicas (mencionadas anteriormente) sobre las cuales el Principio Regulativo de Adoración se construye no han sido alteradas en lo mínimo al pasar del Antiguo Pacto al Nuevo Pacto.

D. El segundo mandamiento que prohíbe toda invención o innovación en la adoración es tan perpetuo e inviolable, así como los otros nueve mandamientos son (Deut. 5:6-22). Sería más fácil cambiar la naturaleza moral y obligatoria del primer mandamiento («No tendrás dioses ajenos delante de mí ») que si tratásemos de cambiar la naturaleza moral y obligatoria del segundo mandamiento. La ley de Dios nos viene como un paquete entero: No podemos violar uno solo sin violarlos todos («Porque cualquiera que hubiere guardado toda la ley, y ofendiere en un punto, es hecho culpado de todos» Sant. 2:10). Además, uno no puede tomar unos mandamientos y dejar otros para obedecerlos, a fin de evitar las «implicaciones» de la Ley («De manera que cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare á los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos: mas cualquiera que hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos» Mat. 5:19).

3. Hay autorización para el Principio Regulativo de Adoración del Nuevo Testamento así como había en el Antiguo Testamento.

A. Marcos 7:6-9

Los fariseos le habían preguntado al Señor en cuanto ha por qué El no seguía la tradición oral de los ancianos que les había sido transmitido por generaciones. Cristo llama claramente a la adoración que establece doctrinas, tradiciones, o mandamientos de hombres, [como] una adoración vana o sin sentido. Dios no la recibe. Así pues, cada vez que un acción, ademán, símbolo, o ceremonia religioso se introduce en la adoración pública divina sin ningún mandato explícito de Dios, en ese momento la tradición de los hombres ha anulado el mandamiento de Dios («Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición» Mat. 15:6). Y por haber agregado tradiciones [humanas] al mandamiento de Dios, el Profeta, Sacerdote, y Rey de la iglesia llama a estos líderes eclesiásticos «Hipócritas» (Mat. 15:7).

B. Juan 4:19-24

En la conversación del Señor con la mujer samaritana, observemos que la conversación gira sobre el asunto de la adoración. ¿Tenía alguna importancia para Dios en cuanto el lugar en donde su pueblo le adorase en el Antiguo Testamento? Aunque la ubicación precisa para la adoración divina no era un elemento de adoración sino antes bien una circunstancia de adoración, era una circunstancia prescrita de adoración (ellos tenían que adorar en Jerusalén, Juan 4:20-22). El Señor aquí condena toda adoración de invención humana en una declaración cuando Él declara: «Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos» (Juan 4:22). Por la razón de que la mujer samaritana no sabía ni seguía los mandamientos de Dios en su adoración (a pesar de su sinceridad o de cualquier otro samaritano), Cristo pudo decir que ella no sabía lo que ella adoraba. Ahora bien los samaritanos poseían los cinco libros de Moisés para guiarlos en su adoración. Sin embargo, su adoración no era una verdadera adoración por ninguna otra razón que esta: ellos no adoraban al Señor en Su templo designado en Jerusalén. Observemos con cuidado que el Señor enseña que «los verdaderos adoradores» (Juan 4:23) adorarán al Padre en espíritu y en verdad. De hecho, Cristo lo explica con mayor énfasis cuando declara categóricamente: «Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren» (Juan 4:24, énfasis agregado). La adoración de «los verdaderos adoradores» debe caracterizarse por una alabanza y adoración espiritual (esto es creada por el Espíritu de Dios) y no por formas vacías; pero también debe caracterizarse por la verdad (esto es adorar a Dios sólo según las formas definidas que Él ha autorizado en las Escrituras). El Señor lo hace muy claro que la adoración no es asunto para escoger si Dios debe ser adorado en espíritu o ser adorado en verdad. Aquellos que enfatizan sólo los aspectos interiores de la adoración caen bajo la condenación de nuestro Señor tanto como los que enfatizan sólo los aspectos exteriores de la adoración. Tanto lo uno como lo otro nos es necesario si queremos ser parte de aquellos que Jesús designa como «verdaderos adoradores».

C. 1 Corintios 7:23; 2 Corintios 1:24 (con Romanos 14:23)

Estos versículos proclaman una verdad común y preciosa: a saber, que ningún hombre (sea ministro, anciano, obispo, o Papa) puede ligar la conciencia de otro hombre para llevar a cabo un acto de adoración que Dios no ha autorizado positivamente en Su Palabra (ya sea por precepto, por un ejemplo aprobado, o por buena y necesaria deducción), porque sólo Dios es Señor de la conciencia (o sea, sólo la Palabra de Dios puede ligar la conciencia corporativa de una iglesia para emplear acciones, ademanes, símbolos, o ceremonias religiosas específicas para adorar a Dios). Para que un líder en la iglesia imponga algún acto religioso no autorizado en la adoración pública está asumiendo el papel de Dios (un papel que ningún [mortal] debe asumir sin considerar cómo Dios trata con todo aquel que pretende hacer tal cosa — como por ejemplo Caín en Gén. 4:1-8, o Nadab y Abiú en Lev. 10:1-3, o Coré en Núm. 16:3 en adelante; o Saul en 1 Sam. 13:8-13, o Uzza en 2 Sam. 6:6-7, o Jeroboam en 1 Reyes 13:1-5, o Uzzías en 2 Crón. 26:16-21, o los Fariseos en Mat. 15:1-9). Además, para que un miembro de una congregación se someta a cualquier acción, ademán, símbolo, o ceremonia religiosa no autorizada en la adoración es como proclamar que Jesús no es Señor, sino el ministro, anciano, obispo, o Papa es el Señor. Ese creyente se ha esclavizado al hombre. Sin embargo, nosotros sostenemos con nuestra Confesión de Fe en que «Sólo Dios es el Señor de la conciencia, y la ha dejado libre de los mandamientos y doctrinas de hombres que sean en alguna forma contrarios a su Palabra, o estén al margen de ella [encima de ella –GLP] en asuntos de fe o de adoración». (20.2).

D. Colosenses 2:8, 20-23

El énfasis del gran apóstol a través de este capítulo está en abandonar las tradiciones y los mandamientos de hombres, y mantenerse fiel a Cristo y a Sus mandamientos, porque «En [Él] están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento…Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad: Y en Él estáis completos, quien es la cabeza de todo principado y potestad » (Col. 2:3,9-10). Usted no está completo en ud. mismo ni en ninguna ceremonia inventada por el hombre en cuanto a la adoración. Ud. está completo, lleno y hecho aceptable por medio de la obra de Cristo a su favor. El es la cabeza de la iglesia, no usted ni yo. El es nuestro Profeta, Sacerdote, y Rey. Sólo El puede dirigir nuestra adoración y presentarla aceptable al Padre. Pablo deduce que el practicar cualquier «culto voluntario» (o cualquier tipo de religión «impuesta por uno mismo» Col. 2:23) «según los mandamientos y doctrinas de hombres » (Col. 2:22) significa anular la obra consumada de Cristo (Col. 2:11-23) y procurar usurpar un dominio absoluto sobre la iglesia que le pertenece a Cristo por derecho divino (Col. 2:8-10, 18-19). Una adoración voluntaria, inventada por uno mismo (o sea cualquier acto, ademán, símbolo, o ceremonia religiosa en la adoración) la condenan expresamente Cristo y Sus apóstoles. De hecho es una adoración falsa que ningún cristiano debe tolerar en la casa de Dios sin que no haya una protesta verbal al liderazgo y una separación de ese tipo de falsa adoración y hasta que no haya habido una reforma bíblica en la adoración («Los pecados prohibidos en el segundo mandamiento son, todo invención, consejo, mandato, uso o aprobación de cualquier culto religioso por sabio que sea, pero que no haya sido instituido por Dios mismo» (El Catecismo Mayor, Preg. 109).

Como un padre, yo tengo mi conjunto de reglas prescritas para cualquier joven que quiera cortejar a mis hijas. Quizás algunos piensen que soy demasiado rígido en mis normas. Sin embargo, el asunto es simplemente esto: Cualquier joven que quiera acercarse a mi hija debe acercarse por medio de mí. Además el joven debe ser de mi agrado. Debo hallarlo aceptable. Un joven que ignora mis normas y reglas y que se acerca como le convenga, conmigo no va a encontrar aceptación. Esto es el deber divinamente establecido de un padre que ama sus hijas. Todas las palabras de amor de un joven que quizás tenga para mi hija no me impresionarán en lo mínimo, a menos que venga en la manera que yo he autorizado. Ahora si yo, como un padre pecador que soy, tengo el derecho y la responsabilidad de establecer un conjunto de reglas autorizado para el cortejo — cuánto más el Dios eterno e infinitamente santo tiene el derecho y la responsabilidad de establecer un conjunto de reglas divino para una adoración aceptable de Su glorioso Hijo. Mis amados, nunca se olviden lo qué Dios le dijo a Aarón después que hirió a sus hijos que añadieron al mandamiento establecido de Dios en cuanto a la adoración, «En mis allegados me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado» (Lev. 10:2, énfasis agregado). Y así, John Knox tenía toda la razón al decir que, «Toda alabanza, honra o servició inventado por el cerebro del hombre en la religión de Dios, sin su explícito mandamiento, es idolatría». Amén.

Traducido por Edgar A Ibarra Jr

y

Joel Chairez


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