Presbiteriano Reformado - No me averguenzo del evangelio porque es potencia de Dios



LA SUMA DEL CONOCIMIENTO SALVADOR

O

COMPENDIO DE DOCTRINA CRISTIANA,
CONTENIDA EN LAS SAGRADAS
ESCRITURAS Y PREDICADA EN LA
CITADA CONFESIÓN DE FE Y
CATECISMOS; JUNTO CON EL USO
PRÁCTICO DE ÉSTOS


Por James Durham y David Dickson, Pastores

«Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí; y al que á mí viene, no le echo fuera.»

Juan 6:37

N. de los T. Las citas bíblicas han sido tomadas de la versión Reina-Valera, revisión 1909.


Síntesis del conocimiento salvador

El resumen del conocimiento salvador puede considerarse en estas cuatro secciones:

  • 1. La miserable condición en que todos los hombres están por naturaleza, por medio de la trasgresión del pacto de obras;
  • 2. El remedio provisto para los elegidos en Jesucristo por medio del pacto de gracia;
  • 3. Los medios señalados para hacerlos participantes de este pacto;
  • 4. Las bendiciones que son efectivamente comunicadas a los elegidos por estos medios.

Cada una de estas cuatro secciones se establece en unas cuantas proposiciones.

SECCIÓN I. La miserable condición en la cual todos los hombres están por naturaleza, por medio de la trasgresión del pacto de obras. «Te perdiste, O Israel», (Óseas 13:9).

I. El Dios todopoderoso y eterno, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, tres personas distintas en una misma deidad indivisible, igualmente infinito en todas las perfecciones, hizo, antes del tiempo, un decreto sumamente sabio, para su propia gloria, cualquier cosa que llega a suceder en el tiempo: Y ejecuta muy santa e infaliblemente todos sus decretos, sin ser participante de los pecados de cualquier criatura.

II. Este Dios, en seis días, creó todas las cosas de la nada, en gran manera buenas en su propia especie: Específicamente, creó todos los ángeles santos; y creó a nuestros primeros padres, Adán y Eva, la raíz de la humanidad, ambos rectos y con la capacidad de guardar la Ley escrita en sus corazones. A la cual estaban naturalmente ligados a obedecer bajo pena de muerte. Pero Dios no estaba obligado a recompensar su servicio, hasta que Él celebró un pacto o contrato con ellos y su posteridad, para darles vida eterna, con la condición de una perfecta obediencia personal. Con amenaza de muerte en caso que ellos fallaran. Este es el pacto de obras.

III. Ambos, los ángeles y los hombres, estaban sujetos al cambio de su propio libre albedrío, como la experiencia lo probó ( habiéndose reservado Dios mismo la propiedad incomunicable de ser naturalmente inmutable), porque muchos ángeles por su propia cuenta al pecar, cayeron de su primer estado y se convirtieron en demonios. Nuestros primeros padres, siendo tentados por Satanás, uno de estos demonios hablando por medio de en una serpiente, rompieron el pacto de obras, al comer del fruto prohibido; por el cual ellos, y, su posteridad, estando en sus lomos, como ramas en la raíz, y comprendidos en el mismo pacto con ellos, llegaron a estar no tan sólo expuestos a la muerte eterna, sino también perdieron toda capacidad de agradar a Dios. Sí, se convirtieron por naturaleza en enemigos de Dios y de todo bien espiritual, e inclinados de continuo solamente al mal. Este es nuestro pecado original, la raíz amarga de todas nuestras transgresiones actuales, en pensamiento, palabra y obras.

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SECCIÓN II
El remedio provisto en Jesucristo para los elegidos por medio del pacto de gracia. «Te perdiste, O Israel, mas en mí está tu ayuda.» (Óseas 13:9)

I. No obstante el hombre, habiendo llegado por sí mismo a esta miserable condición, ni es capaz de ayudarse a sí mismo, ni desea ser ayudado por Dios para salir de esto, sino inclinado a mantenerse quieto, insensible de ello, hasta que muera; pero Dios, para la gloria de su preciosa gracia, ha revelado en su Palabra un camino para salvar a los pecadores, es decir, por la fe en Jesucristo, el eterno Hijo de Dios, por virtud de, y conforme al significado del pacto de redención, hecho y convenido entre Dios el Padre y Dios el Hijo, en el concilio de la Trinidad, antes que el mundo existiera.

II. La suma del pacto de redención es esto: Dios habiendo libremente escogido para vida un número determinado de la humanidad perdida, para la gloria de su abundante gracia, les dio, antes que el mundo existiera, a Dios el Hijo, designado el Redentor, que, sobre la condición que Él se humillara a sí mismo hasta asumir la naturaleza humana, de un alma y un cuerpo, en unión personal con su naturaleza divina; y someterse a sí mismo a la Ley, como fiador de ellos, y satisfacer la justicia por el bien de ellos; al darles obediencia en su nombre, aún hasta el sufrimiento de la maldita muerte de la cruz; Él debería rescatarlos y redimirlos a todos del pecado y de la muerte, y adquirir para ellos la rectitud y la vida eterna, con todas las gracias de la salvación dirigidas a ello, para ser eficazmente, por medio de su propio nombramiento, aplicado a su debido tiempo a cada uno de ellos. El Hijo de Dios (quien es Jesucristo nuestro Señor) aceptó esta condición desde antes que el mundo fuese, y en el cumplimiento del tiempo vino al mundo, nacido de la virgen María, se sujetó a sí mismo a la Ley, y completamente pagó el rescate en la cruz: Pero por virtud del antedicho pacto, hecho antes que existiera el mundo, Él está en todos los siglos, desde la caída de Adán, todavía en la obra de aplicar eficazmente los beneficios comprados para los elegidos. Y eso Él lo hace por medio de considerar un pacto de libre gracia y reconciliación con ellos, por medio de la fe en Él mismo; por dicho pacto, Él transfiere a cada creyente un interés y un derecho hacia Él mismo, y a todas sus bendiciones.

III. Para el cumplimiento de este pacto de redención y hacer a los elegidos participantes de los beneficios de él en el pacto de gracia, Cristo Jesús fue investido con el triple oficio de profeta, sacerdote y rey. Constituido profeta, para revelar todo el conocimiento de la salvación a su pueblo y para persuadirlos a creer y obedecer lo mismo. Hecho sacerdote, para ofrecerse a sí mismo en sacrificio una vez para todos ellos y para interceder continuamente con el Padre, para hacer sus personas y servicios aceptables a Él. Y nombrado rey, para someterlos a Él mismo, para alimentarlos y gobernarlos por sus propias ordenanzas establecidas y para defenderlos de sus enemigos.

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SECCIÓN III Los medios externos asignados para hacer a los elegidos participantes de este pacto y todos los demás que son llamados sean sin excusa. «Porque muchos son llamados». (Mateo 22:14).

I. Los medios y ordenanzas externos, para hacer al hombre participante del pacto de gracia, son tan sabiamente distribuidos, de modo que los elegidos serán infaliblemente convertidos y salvados por estos medios; y los réprobos, entre los cuales ellos están, justamente no se les haga tropezar. Particularmente los medios son estos cuatro:

  • 1. La Palabra de Dios.
  • 2. Los sacramentos.
  • 3. El gobierno eclesiástico. Y
  • 4. La oración.

En la Palabra de Dios predicada por los mensajeros enviados, el Señor hace la oferta de gracia a todos los pecadores, sobre la condición de fe en Jesucristo; y de quienquiera que verdaderamente confiesen su pecado, reciben a Cristo sacrificado y se someten a sí mismos a sus ordenanzas, ambos, él y sus hijos serán recibidos en los honores y privilegios del pacto de gracia. Por los sacramentos, Dios habrá sellado el pacto para confirmar el trato sobre la antedicha condición. Por el gobierno eclesiástico, Él los protegerá y ayudará en adelante para guardar el pacto. Y por la oración, Él asegurará su propia gracia gloriosa, prometida en el pacto, para ser diariamente extraída, reconocida y empleada. Todos estos medios, o son seguidos realmente o solamente de profesión, de acuerdo a la calidad de los pactantes, según sean verdaderos o falsos creyentes.

II. El pacto de gracia, establecido en el Antiguo Testamento antes que Cristo viniera, y en el Nuevo desde que Él vino, es uno y el mismo en sustancia, aunque diferente en su administración externa: porque el pacto del Antiguo Testamento, siendo sellado con los sacramentos de la circuncisión y el cordero pascual, expuso a futuro la muerte de Cristo, y los beneficios comprados con eso, bajo las sombras de los sacrificios sangrientos, y diversas ceremonias; pero desde la venida de Cristo, el pacto siendo sellado por los sacramentos del bautismo y la santa cena, muestra claramente a Cristo ya crucificado ante nuestros ojos, victorioso sobre la muerte y la tumba y gloriosamente gobernando el cielo y la tierra, para el bien de su propio pueblo.

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SECCIÓN IV Las bendiciones que son eficazmente comunicadas por estos medios a los elegidos o escogidos del Señor. «Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.» (Mateo 22:14).

I. Por estas ordenanzas externas, es como el Señor hace a los réprobos inexcusables, de igual manera, por el poder de su Espíritu, Él aplica a los elegidos, eficazmente, todas las gracias salvadoras compradas para ellos en el pacto de redención y ejecuta un cambio en sus personas. Particularmente:

  • 1. Él sí los convierte y regenera, al darles vida espiritual, al abrir sus entendimientos, renovando sus voluntades, afecciones y facultades, al darles obediencia espiritual a sus mandamientos.
  • 2. Él les da la fe salvadora, causándoles, el sentimiento de merecer condenación, y dar su consentimiento de todo corazón al pacto de gracia y abrazar a Jesucristo sinceramente.
  • 3. Él les da el arrepentimiento, haciéndoles, con una tristeza piadosa, odiar el pecado, y en el amor a la rectitud, convertirse de toda iniquidad para servir a Dios. Y,
  • 4. Él los santifica, haciéndoles seguir y perseverar en la fe y en la obediencia espiritual a la Ley de Dios, manifestada por el fruto en todas las obligaciones y haciendo buenas obras, cuando Dios les dé la oportunidad.

II. Junto con este cambio interno de sus personas, Dios también cambia su estado: porque, tan pronto como ellos son traídos por la fe dentro del pacto de gracia, 1. Él los justifica, al imputarles la perfecta obediencia que Cristo dio a la Ley, y también la satisfacción que sobre la cruz Cristo otorgó a la justicia en lugar de ellos. 2. Él los reconcilia, y los hace amigos de Dios, quienes eran antes enemigos de Dios. 3. Él los adopta, para que ellos ya no sean hijos de Satanás, sino hijos de Dios, enriquecidos con todos los privilegios espirituales de sus hijos. Y, al final de todo, después que toda su lucha en esta vida finalice, Él perfeccione la santidad y bendiciones, primero la de sus almas en su muerte, y después ambos la de sus almas y sus cuerpos, siendo gozosamente unidos otra vez en la resurrección, en el día de su glorioso regreso para juzgar, cuando todos los impíos serán llevados al infierno, con Satanás a quien ellos han servido: pero los escogidos y redimidos que pertenecen a Cristo, los verdaderos creyentes, los estudiosos de la santidad, permanecerán con Él para siempre, en el estado de la glorificación.

El uso práctico del conocimiento salvador, contenido en la Escritura y predicado en la citada Confesión de Fe y Catecismos.

El uso principal general de la doctrina cristiana es, convencer al hombre de pecado, y de justicia, y de juicio, Juan 16:8. Parcialmente por la Ley o el pacto de obras, para que él pueda ser humillado y llegue al arrepentimiento; y en parte por el Evangelio o el pacto de gracia, para que él pueda llegar a ser un verdadero creyente en Jesucristo y ser fortalecido en su fe sobre fundamentos y garantías sólidas y dar evidencia de la verdad de su fe por las buenas obras y así ser salvo.

La suma del pacto de obras, o de la Ley, es esta: Si ustedes hacen todo que se les manda y no fallan en ningún punto, serán salvos: pero si fallan, morirán. Según. Romanos 10:5 y Gálatas 3:10, 12.

La suma del Evangelio, o el pacto de gracia y reconciliación, es esta: Si ustedes se apartan de la ira merecida al verdadero Redentor Jesucristo, (quién es capaz de salvar completamente a todos los que vienen a Dios por medio de Él) ustedes no perecerán, sino tendrán vida eterna. Según Romanos 10:8, 9, 11.

Para convencer al hombre de pecado, y de justicia, y de juicio por la Ley o el pacto de obras, permitan que estas Escrituras, entre muchas otras, sean útiles.

I. Para convencer al hombre de pecado por la Ley, considere Jeremías 17:9, 10.

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño el corazón, que pruebo los riñones, para dar á cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.

Aquí el Señor enseña estas dos cosas:

1. Que la fuente de todas nuestros fracasos y el actual pecado contra Dios, está en el corazón, el cual incluye la mente, la voluntad, las afecciones, y todas las capacidades del alma, como están corrompidas y manchadas por el pecado original; la mente no siendo solamente ignorante e incapaz de la verdad salvadora, sino también llena de error y enemistad contra Dios; y la voluntad y las afecciones siendo obstinadamente desobedientes a todas las instrucciones de Dios e inclinadas hacia lo que solamente es perverso: «El corazón (dice Él) es engañoso más que todas las cosas, y peligrosamente perverso»; sí e inescrutablemente perverso, de manera que ningún hombre lo puede conocer; y en Génesis 6:5 «(…) todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.» Dice el Señor, cuyo testimonio aquí y en cualquier otro asunto debemos creer; y la experiencia también puede enseñarnos, que, hasta que Dios hace que nos neguemos a nosotros mismos, nosotros nunca acudimos a Dios en ningún asunto, sino carnalmente el egoísmo solamente nos gobierna y mueve todo el engranaje de nuestras acciones.

2. Que el Señor trae nuestro pecado original o inclinación malvada, con todos los frutos actuales de esto, a cuenta ante su tribunal: «Yo Jehová, que escudriño el corazón, que pruebo los riñones corazón, para dar á cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.»

Por tanto que cada hombre razone así:

«De lo que Dios y el remordimiento de mi conciencia atestiguan, yo estoy convencido que es verdad: Antes bien Dios y el remordimiento de mi conciencia culpable dan testimonio, que mi corazón es engañoso sobre todas las cosas y peligrosamente perverso; y que todos los pensamientos de mi corazón, por naturaleza, son de continuo solamente malignos: Así pues estoy convencido que esto es la verdad.»

De este modo un hombre puede ser convencido del pecado por la Ley.

II. Para convencer al hombre de la rectitud por la Ley, considere Gálatas 3:10:

Porque todos los que son de las obras de la Ley, están bajo de maldición. Porque escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la Ley, para hacerlas.

Aquí el apóstol nos enseña tres cosas:

  • 1. Que, por razón de nuestra naturaleza pecadora, la imposibilidad que cualquier hombre sea justificado por obras de la Ley es tan cierta, que de quienquiera que verdaderamente busca justificación por las obras de la Ley, están sujetos a la maldición de Dios por quebrantar la Ley: «Porque todos los que son de las obras de la Ley, están bajo de maldición.» dice Él.
  • 2. Que, hasta el cumplimiento perfecto de la Ley, el guardar uno o dos de los preceptos, o la acción de alguno, o de todos los deberes (si fuera posible) por un tiempo, no es suficiente; porque la Ley requiere, que «el hombre permanezca en todas las cosas que están escritas en el libro de la Ley, para hacerlas.»
  • 3. Que, puesto que ningún hombre puede llegar a esta perfección, cada hombre por naturaleza está bajo la maldición; porque la Ley dice: «Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la Ley, para hacerlas.»

Entonces, estar bajo la maldición, comprende toda la desaprobación de Dios, con el peligro que su ira salga aún más y más sobre el alma y el cuerpo, ambos en esta vida; y después de la muerte perpetuamente, si la gracia no previene la ejecución entera de esto.

Por tanto que cada hombre razone así:

«Quienquiera, conforme al pacto de las obras, está sujeto a la maldición de Dios por quebrantar la Ley, en innumerables maneras y ocasiones, no puede ser justificado, o encontrar la justicia por las obras de la Ley: Pero yo (que cada hombre lo diga), en conformidad al pacto de obras, estoy sujeto a la maldición de Dios, por quebrantar la Ley en innumerables maneras y ocasiones: Así pues yo no puedo ser justificado u obtener la justicia por las obras de la Ley.»

Así puede un hombre convencerse de la justicia, que no se obtiene por sus propias obras o por la Ley.

III. Para convencer al hombre del juicio por la Ley, considere 2 Tesalonicenses 1:7-10.

(…) Cuando se manifestará el Señor Jesús del cielo con los ángeles de su potencia, en llama de fuego, para dar el pago á los que no conocieron á Dios, ni obedecen al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo; Los cuales serán castigados de eterna perdición por la presencia del Señor, y por la gloria de su potencia, Cuando viniere para ser glorificado en sus santos, y á hacerse admirable en aquel día en todos los que creyeron (…)

En lo cual somos enseñados, que nuestro Señor Jesús, quién ahora se ofrece para ser el Mediador para los que creen en Él, en el último día, vendrá armado en llama de fuego, para juzgar, condenar y destruir a todos ellos que no han creído en Dios, que no han recibido el ofrecimiento de la gracia hecho en el Evangelio ni obedecido la doctrina de esto; sino que permanecen en su estado natural, bajo la Ley o el pacto de obras.

Por tanto que cada hombre razone así:

«Lo que el Juez justo me ha advertido será hecho en el último día, estoy seguro que es un juicio justo: Pero el Juez justo me ha avisado, que si no creo a Dios a tiempo y no obedezco la doctrina del Evangelio, seré excluido de su presencia y de su gloria en el último día y seré atormentado en el alma y el cuerpo por la eternidad: Por consiguiente, estoy convencido que esto es un juicio justo: Y tengo razón para agradecer a Dios de todo corazón, quién me ha advertido huir de la ira venidera.»

Así que cada hombre pueda ser, por la Ley o pacto de obras, convencido de juicio, si él continuara bajo el pacto de las obras, o no obedeciera el Evangelio de nuestro Señor Jesús.

IV. Para convencer al hombre de pecado, de justicia y de juicio, por el Evangelio.

En cuanto a convencer al hombre de pecado, de justicia y de juicio, por el Evangelio, o el pacto de gracia, él debe entender tres cosas:

  • 1. Que el no creer en Jesucristo, o rehusar el pacto de gracia ofrecido en Él, es el más grande y peligroso pecado que todos los otros pecados contra la Ley; porque los oidores del Evangelio, al no creer en Cristo, verdaderamente rehúsan la misericordia de Dios en Cristo, el único camino de la libertad del pecado y la ira; y no se rinden para ser reconciliados con Dios.
  • 2. Luego, él debe entender, que la perfecta remisión del pecado, y justicia verdadera, se obtiene solamente por fe en Jesús; porque Dios no requiere otras condiciones sino la fe; y testifica desde el cielo, que Él se complace en justificar a los pecadores sobre esta condición.
  • 3. Él debe entender, que sobre la justicia recibida por la fe, el juicio seguirá; por un lado, para la destrucción de las obras del diablo en el creyente y para la perfección de la obra de santificación en él, con poder; y que, al rehusar tomar la justicia por fe en Jesucristo, el juicio seguirá; por otro lado, para la condenación del incrédulo y su destrucción con Satanás y sus sirvientes para siempre.

Para este fin, que estas citas de la Escritura, entre muchas otras, sirvan para hacer que la grandeza del pecado de no creer en Cristo se manifieste; o, para hacer que la grandeza del pecado de rehusar el pacto de gracia ofrecido a nosotros, en el ofrecimiento de Cristo a nosotros aparezca; que el sincero ofrecimiento de la gracia sea mirado como se declara en Isaías 55:3 «Inclinad vuestros oídos, y venid á mí (dice el Señor); oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes á David.» Es decir, si ustedes creen en mí y se reconcilian conmigo, yo ciertamente, por pacto, les daré también a Cristo, y todas las gracias salvadoras en Él: reiterado en Los Hechos de los Apóstoles 13:34.

De nuevo, considere, que este ofrecimiento general en sustancia es equivalente a un ofrecimiento especial hecho a cada persona en particular; como se ve por el uso que hacen de él los apóstoles en Hechos 16:31: «Y ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú, y tu casa.» La razón por la cual la oferta es hecha, está en Juan 3:16: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» Viendo pues que esta gran salvación es ofrecida en el Señor Jesús, cualquiera que no cree en Él, sino busca la felicidad en alguna otra manera, ¿Qué más hace él sino observar vanidades mentirosas y rechaza su propia misericordia, qué podría haber tenido en Cristo? (Jonás 2:8-9) . ¿Qué más hace él sino blasfemar a Dios en su corazón? Como lo dice 1ª. Juan 5:10-11 «(…) el que no cree á Dios, le ha hecho mentiroso; porque no ha creído en el testimonio que Dios ha testificado de su Hijo. Y este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.» Y que ningún pecado contra la Ley es parecido incluso a este pecado, Cristo lo testifica en Juan 15:22 «Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado, mas ahora no tienen excusa de su pecado.» Esto puede convencer a un hombre de la grandeza de este pecado de no creer en Cristo.

Para convencer a un hombre de la justicia que solamente puede obtenerse por la fe en Jesucristo, considere ahora Romanos 10: 3, 4.

Dice, que los judíos, «(…) ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado á la justicia de Dios (Así que perecieron). Porque el fin de la Ley es Cristo, para justicia á todo aquel que cree.» También en Hechos 13:39 leemos: «Y de todo lo que por la Ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en éste es justificado todo aquel que creyere.» Y en 1ª. Juan 1:7: «(…) la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.»

Para convencer a un hombre del juicio, si un hombre abraza esta justicia, considere 1ª. Juan 3:8: «(…) Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.» Y Hebreos 9:14: «¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció á sí mismo sin mancha á Dios, limpiará vuestras conciencias de las obras de muerte para que sirváis al Dios vivo?»

Pero si un hombre no abraza esta justicia, su sentencia es pronunciada en Juan 3:18,19 «El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz».

Por tanto que el penitente, que desea creer, razone así:

«Lo que es suficiente para convencer a todos los escogidos en el mundo de la grandeza del pecado de no creer en Cristo, o rehusar huir hacía Él para la satisfacción de los pecados hechos contra la Ley y de la ira merecida por ello; y lo que es suficiente para convencerlos que la justicia y la vida eterna se ofrecen por fe en Jesucristo o por acceder al pacto de gracia en Él; y lo que es suficiente para convencerlos del juicio que es ejercido por Cristo, para la destrucción de las obras del diablo en un hombre y santificar y salvar a todos los que creen en Él, quizás es suficiente para convencerme también. Pero lo que el Espíritu ha dicho, en estas u otras Escrituras semejantes, es suficiente para convencer al mundo electo del antedicho pecado y de justicia y de juicio. Así pues lo que el Espíritu ha dicho, en estas y otras Escrituras semejantes, sirve para convencerme de ello también.»

Entonces el penitente que desea creer asuma estas palabras, y diga de todo corazón al Señor, reconociendo que dice: «Buscad mi rostro»; mi alma responde: «tu rostro, Señor, buscaré.» Yo he atendido el ofrecimiento de un pacto eterno de todas las misericordias salvadoras hechas en Cristo, y de todo corazón acepto su ofrecimiento. Señor, que sea un trato: «Señor, yo creo; ayuda mi incredulidad»: ¡Mira! me entrego a ti, para servirte en todas las cosas para siempre; y espero que su diestra me salvará: el Señor perfeccionará lo que me concierne: Tu misericordia, ¡OH Señor!, dura para siempre; no olvides las obras de tus propias manos. Así pues, un hombre puede ser un creyente verdadero en Cristo.

Para fortalecer la fe de uno que ha estado de acuerdo con el pacto de gracia.

Debido a que muchos creyentes son débiles y dudan mucho si siempre estarán seguros en la firmeza de su propia fe y llamado eficaz, o estar seguros de su justificación y salvación, cuando ellos ven que muchos, que profesan la fe, son descubiertos engañándose ellos mismos. Veamos como cada creyente puede hacerse fuerte en la fe y asegurarse de su propia elección y salvación sobre fundamentos sólidos, por mandamientos seguros y evidencias verdaderas de fe. Para este propósito, entre muchos otros pasajes de las Escrituras, considere las siguientes citas.

Traducido por:

Edgar A. Ibarra Jr.

Rev. Jorge Álvarez M.


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