Presbiteriano Reformado - La Confesión de Fe de Westminster (original de 1647)



De los editores:

Aquí se presenta la Confesión de Fe de Westminster ORIGINAL de 1647. Esta es la Confesión de Fe sin cualquier modificación o enmiendas.

Existe otra Confesión de Fe que trae el mismo nombre pero ha sido modificada y cambiada del original. Esto sucedió en 1789 por medio de la Iglesia Presbiteriana de EE. UU. para reflexionar y estar de acuerdo con la Constitución de los EE. UU. que apenas había sido ratificado por el gobierno de los EE. UU. Sin embargo las enmiendas no son Bíblicas y no reflejan la creencia de cualquier Presbiteriano que fue participante de la Asamblea de Westminster ni de la Asamblea General de la Iglesia de Escocia que acepto la Confesión original.

No sean engañados por la Confesión de Fe que trae estas enmiendas. Se ve claramente en capitulo 23.3 y en Capítulo 24.4, entre otras enmiendas. Comparé esta original que le presentamos con otras para ver si lo que se ha dado a uno por otros ha sido modificado o no. La original está totalmente en acuerdo con la Palabra de Dios, la modificada no.

Qué esta Confesión de Fe original sea de bendición a uds.





La Confesión de Fe

Acordado por la Asamblea de Teólogos en Westminster, con la asistencia de los delegados de la Iglesia de Escocia, como parte de la uniformidad pactada y establecida en religión entre las iglesias de Cristo en los reinos de Escocia, Inglaterra e Irlanda.

Aprobado por la Asamblea General de 1647 y ratificado y establecido por actos de Parlamento 1649, como el público y jurado Confesión de la Iglesia de Escocia, con las pruebas de las Escrituras.


Asamblea en Edimburgo, 27 agosto 1647. Sesión 23.

Acto aprobando la Confesión de Fe.

Una Confesión de Fe para las iglesias de Dios en los tres reinos, siendo la parte más principal de esa uniformidad en la religión que, por el Pacto y la Liga Solemne, nosotros tenemos que empeñar: Y hay por consiguiente una Confesión de Fe de acuerdo con la Asamblea de Teólogos sintiéndose en Westminster, con la ayuda de los Delegados de la Iglesia de Escocia; cuál Confesión se envió de nuestros Delegados en Londres a los Delegados de la Iglesia en Edimburgo el mes de enero pasado, y han sido por esta Asamblea dos veces leídas públicamente, examinada, y considerada: copias del mismo se imprimió también, para que sean examinada con cuidado especial de parte de todos los miembros de esta Asamblea, a quienes frecuente insinuación se hizo públicamente, para poner en sus dudas y objeciones, si ellos tuvieran cualquiera. Y la Confesión es, sobre el examen debido del mismo, encontrado por la Asamblea de ser muy agradable a la Palabra de Dios, y en nada al contrario de la doctrina recibida, ni contrario de la adoración pública, ni contrario de la disciplina y ni contrario del gobierno de esta Iglesia. Y, por último, es tan necesario, y tanto deseado, que el dicho Confesión sea, con toda diligencia y expedición posible, aprobado y establecido en ambos Reinos, como una parte principal de la uniformidad propuesta de la religión, y como un medio especial para suprimir más efectivamente los muchos errores y herejías peligrosos de estos tiempos; la Asamblea General, después de madura deliberación, concuerda a, y aprueba el dicho Confesión, en cuanto a la verdad del asunto; (juzgándolo de ser muy ortodoxo, y fundado sobre la Palabra de Dios;) y también, acerca del punto de la uniformidad, acordamos por nuestra parte, que sea la Confesión de Fe común para los tres reinos. La Asamblea bendice también al Señor, y reconoce agradecidamente Su gran misericordia, en que tal Confesión de Fe excelente se ha preparado, y ha por lo tanto sido de acuerdo sobre en ambos reinos; cual miramos como un gran refuerzo de la religión reformada verdadera contra los enemigos comunes del mismo. Pero, por temor a que nuestra intención y el significado estén en algunos detalles entendidos por mal, es así expresamente declarado y proveído, que la falta de mencionar en esta Confesión los varios tipos de oficiales y asambleas eclesiásticos, no sea prejuicio a la verdad de Cristo en estos detalles, para ser expresado completamente en el Directorio del Gobierno. Es adicionalmente declarado, que la Asamblea entiende algunas partes del segundo artículo del treinta y uno Capítulo sólo de iglesias no establecidas, ni constituidas en el punto del gobierno: Y eso aunque, en tales iglesias, un sínodo de Ministros, y de otras personas hábiles, puedan ser llamadas por la autoridad del Magistrado y nominación, sin cualquier otra llamamiento, para consultar y aconsejar acerca de asuntos de la religión; y aunque, igualmente, los Ministros de Cristo, sin la delegación de sus iglesias, puedan de sí mismos, y en virtud de su oficina, reunirse en sínodos en tales iglesias no constituidas, sin embargo ninguno de esto debería ser hecho en iglesias constituidas y establecidas; es siempre libre el Magistrado para consultar con sínodos de Ministros y Ancianos Gobernantes, reunidos en delegación de sus iglesias, sea comúnmente, o, siendo encausados por su autoridad, ocasionalmente, y en pro re nata; es también libre reunir sínodos juntos, también en pro re nata como en los tiempos ordinarios, sobre la delegación de las iglesias, por el poder intrínsico recibido de Cristo, tan a menudo como sea necesario para el bien de la Iglesia así que se reúne, en caso de que el Magistrado, en detrimento de la Iglesia, retenga o niega su consentimiento; la necesidad de asambleas ocasionales siendo protesta primero a él por una aplicación humilde.

Carlos I. Parl. 2. Ses. 2. Acto 16.

Acto sobre los Catecismos, la Confesión de Fe y la Ratificación de ellos.

En Edimburgo, el 7 de febrero 1649

Los Estados de Parlamento, ahora convocado en esta segunda Sesión del segundo Parlamento trienal, en virtud de un Acto del Comité de Estados, que tuvo el poder y la autoridad del último Parlamento para convocar el Parlamento presente, habiendo considerado seriamente los Catecismos, a saber, el Mayor y el Menor, con la Confesión de Fe, con tres Actos de Aprobación del mismo por los Delegados de la Asamblea General, presentado a ellos por los Delegados del dicho Asamblea General; ratifica y aprueba el dicho Catecismos, la Confesión de Fe, y los Actos de Aprobación del mismo, producido como son; y los ordena a ser registrados, para ser publicados, y para ser practicados.


Capítulo 1: De las Santas Escrituras

1. Aunque la luz de la naturaleza y las obras de la creación y la providencia manifiestan la bondad, la sabiduría y el poder de Dios, de tal manera que deja al hombre inexcusable1; aún no son suficientes para dar ese conocimiento de Dios y su voluntad, que es necesario para la salvación2. Por lo tanto le complació al Señor, en tiempos diversos, y en maneras diversas, de revelarse, y declarar esto su voluntad a su iglesia;3 Y después, para el mejor mantenimiento y propagación de la verdad y para el mayor establecimiento y consuelo de la Iglesia contra la corrupción de la carne y de la malicia de Satanás y del mundo, le plació dejar totalmente esta revelación por escrito4, cuál hace la Santa Escritura de ser lo más necesario5; esos maneras anteriores de Dios revelando su voluntad a su pueblo ahora ya han cesado6.

2. Bajo el nombre de la Santa Escritura, o la Palabra de Dios escrita, son contenidos todos los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, cuales son estas:

DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Génesis 1 Reyes Eclesiastés Abdías Éxodo 2 Reyes Cantares Jonás Levítico 1 Crónicas Isaías Miqueas Números 2 Crónicas Jeremías Nahum Deuteronomio Esdras Lamentaciones Habacuc Josué Nehemías Ezequiel Sofonías Jueces Ester Daniel Hageo Rut Job Oseas Zacarías 1 Samuel Salmos Joel Malaquías 2 Samuel Proverbios Amós

DEL NUEVO TESTAMENTO

Los evangelios Los epístolas de Colosenses Hebreos

según: Pablo: 1 Tesalonicenses Santiago

Mateo Romanos 2 Tesalonicenses 1 Pedro

Marcos 1 Corintios 1 Timoteo 2 Pedro

Lucas 2 Corintios 2 Timoteo 1, 2, 3 Juan

Juan Gálatas Tito Judas

Los hechos Efesios Filemón Apocalipsis de los apóstoles Filipenses

Todos son dados por la inspiración de Dios para ser la regla de la fe y practica7.

3. Los libros comúnmente llamadas la Apócrifa, no siendo parte de la inspiración divina, no tienen parte en el canon de la Escritura; y así pues no tienen autoridad en la Iglesia de Dios, ni ser en otra manera aprobada, o usado, excepto de la misma manera que otros libros humanos8.

4. La autoridad de la Santa Escritura, por lo cuál debería ser creída y obedecida, no depende sobre el testimonio de cualquier hombre o Iglesia; sino totalmente sobre Dios (quien es la verdad misma) el autor de ello: y así pues es de ser recibido porque es la Palabra de Dios9.

5. Podemos ser movidos e inducidos por el testimonio de la Iglesia a una estimación alta y reverente de la Santa Escritura10. Y la divinidad del asunto, el eficaz de la doctrina, la majestad del estilo, el consentimiento de todas las partes, el designio del todo (cuál es, de dar toda la gloria a Dios), el descubrimiento entero que hace de la única manera de la salvación del hombre, los muchos otros excelencias incomparables y la perfección entera de ello, son argumentos por lo cual muestra abundante evidencia de si mismo de ser la Palabra de Dios: aún no obstante, nuestra persuasión completa y seguridad de la verdad infalible y la autoridad divina de ello, es de la obra interior del Espíritu Santo dando testimonio por y con la Palabra en nuestros corazones11.

6. Todo el consejo de Dios concerniendo todas la cosas necesarias para su propia gloria, la salvación del hombre, la fe y vida, está expresamente expuesto en la Escritura o por buena y necesaria consecuencia puede ser deducida de la Escritura: a cuál nada en cualquier tiempo es de ser añadido, sea por nueva revelaciones del Espíritu o por las tradiciones del hombre12. Sin embargo reconocemos la iluminación interior del Espíritu de Dios de ser necesario para el entendimiento salvadora de tales cosas que son reveladas en la Palabra13: y que hay algunas circunstancias concerniendo la adoración de Dios y el gobierno de la iglesia, común a las acciones humanas y sociedades, cuales debería de ser ordenadas por la luz de la naturaleza y prudencia cristiana, en acuerdo con las reglas generales de la Palabra, cuales siempre deben de ser observadas14.

7. Todas las cosas en las Escrituras no son igual de claras en si mismo, ni igual de clara a todos15: aún esas cosas necesarias de saber, creer y observar para la salvación, son tan claramente presentados y abiertos en algún lugar de la Escritura u otra, que no tan sólo los eruditos, sino también los indoctos, en un debido uso de los medios ordinarios, puede atener a un entendimiento suficiente de ello16.

8. El antiguo testamento en hebreo (cuál fue el idioma nativo del pueblo de Dios de antes) y el nuevo testamento en griego (en cuanto en el tiempo de escribirlo fue él más conocido a las naciones), siendo inmediatamente inspirado de Dios, y mantenidos por su cuidado singular y providencia puros en todos los edades, son pues auténticos17; para que, en todas las controversias de religión, la iglesia es de ser una apelación final a ello18. Pero, como estos idiomas originales no son conocidos a todo el pueblo de Dios, quien tiene el derecho a y un interés en las Escrituras, y son mandados, en el temor de Dios, de leerlas y escudriñarlas19, así pues deben de ser traducidos al idioma común de cada nación a que vengan20, que la Palabra de Dios morando abundantemente en todos, ellos puedan adorarlo en una manera aceptable21; y, por la paciencia y el consuelo de las Escrituras, puedan tener esperanza22.

9. La regla infalible de interpretar la Escritura es la Escritura mismo: y así pues, cuando hay una pregunta sobre el sentido verdadero y entero de cualquier Escritura (cuál no son muchos, sino uno) se debe de buscar y ser conocido por otros lugares que hablan más claramente23.

10. El juez supremo por la cual todas las controversias de religión es de ser determinado, y todos los decreto de concilios, opiniones de autores antiguos, doctrinas del hombre y espíritus privados, es de ser examinado; y en cuál sentencia debemos reposar no puede ser ni otro, sino el Espíritu Santo hablando en la Escritura24.

1 Romanos 2:14-15 Romanos 1:19-20 Salmo 19:1-3 Romanos 1:32 con Rom. 2:1 2 1 Corintios 1:21 2:13-14 3 Hebreos 1:1 4 Proverbios 22:19-21 Lucas 1:3-4 Romanos 15:4 Mateo 4:4, 7, 10 Isaías 8:19-20 5 2 Timoteo 3:15 2 Pedro 1:19 6 Hebreos 1:1-2 7 Lucas 16:29, 31 Efesios 2:20 Apocalipsis 22:18-19 2 Timoteo 3:16 8 Lucas 24:27, 44 Romanos 3:2 2 Pedro 1:21 9 2 Pedro 1:19, 21 2 Timoteo 3:16 1 Juan 5:9 1 Tesalonicenses 2:13 10 1 Timoteo 3:15 11 1 Juan 2:20, 27 Juan 16:13, 14 1 Corintios 2:10-12 Isaías 59:21 12 2 Timoteo 3:15-17 Gálatas 1:8, 9 2 Tesalonicenses 2:2 13 Juan 6:45 1 Corintios 2:9-12 14 1 Corintios 11:13, 14 1 Corintios 14:26, 40 15 2 Pedro 3:16 16 Salmo 119:105, 130 17 Mateo 5:18 18 Isaías 8:20 Hechos 15:15 Juan 5:39, 46 19 Juan 5:39 20 1 Corintios 14:6, 9, 11, 12, 24, 27, 28 21 Colosenses 3:16 22 Romanos 15:4 23 2 Pedro 1:20, 21 Hechos 15:15, 16 24 Mateo 22:29, 31 Efesios 2:20 Hechos 28:25

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Capítulo 2: De Dios y de la Santa Trinidad

1. Hay sino un solo1, viviente y verdadero Dios2: quien es infinito en su ser y perfección3, un espíritu muy puro4, invisible5, sin cuerpo, partes6, o pasiones7, inmutable8, inmenso9, eterno10, incomprensible11, todopoderoso12, muy sabio13, muy santo14, muy libre15, muy absoluto16, obrando todas las cosas en acuerdo al consejo de Su voluntad que es inmutable y justísimo17, para Su propia gloria18; muy amoroso19, gracioso, misericordioso, paciente, abundando en bondad y verdad, perdonando la iniquidad, la trasgresión y el pecado20; galardonador de todos los que le buscan con diligencia21; y sobre todo muy justo y terrible en sus juicios22, que odia todo23 pecado y de ninguna manera absolverá al culpable24.

2. Dios tiene toda vida25, gloria26, bondad27, bendición28, en y de Él mismo; y es solamente en y hacia Él mismo todo suficiente, no teniendo la necesidad de cualquier criatura que Él ha hecho29, ni derivando gloria de ellos30, sino solamente manifestando su propia gloria en, por, hacia y sobre ellos: Él es el único manantial de todo ser, de Él, por medio de Él y para Él son todas las cosas31; y tiene el sumo dominio soberanía sobre ellos, para hacer por ellos, para ellos, o sobre ellos cualquier cosa que le place32. En su presencia todas las cosas son abiertas y manifiestas33; Su conocimiento es infinito, infalible e independiente sobre la criatura34, tal que nada es al Él contingente o inseguro35. Él es muy santo en todo sus consejos, en todos sus obras y en todos sus mandamientos36. A Él es merecido de los ángeles y del hombre y toda criatura, cualquier adoración, servicio u obediencia que le place de requerir de ellos37.

3. En la unidad de la Deidad hay tres personas, de una sustancia, poder y eternidad; Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo38. El Padre es de nadie, ni engendrado ni procediendo: el Hijo es eternamente engendrado del Padre39: el Espíritu Santo eternamente procediendo del Padre y del Hijo40.

1 Deuteronomio 6:4 1 Corintios 8:4, 6 2 1 Tesalonicenses 1:9 Jeremías 10:10 3 Job 11:7-9 Job 26:14 4 Juan 4:24 5 1 Timoteo 1:17 6 Deuteronomio 4:15, 16 Juan 4:24 con Lucas 24:39 7 Hechos 14:11, 15 8 Santiago 1:17 Malaquías 3:6 9 1 Reyes 8:27 Jeremías 23:23, 24 10 Salmo 90:2 1 Timoteo 1:17 11 Salmo 145:3 12 Génesis 17:1 Apocalipsis 4:8 13 Romanos 16:27 14 Isaías 6:3 Apocalipsis 4:8 15 Salmo 115:3 16 Éxodo 3:14 17 Efesios 1:11 18 Proverbios 16:4 Romanos 11:36 19 1 Juan 4:8, 16 20 Éxodo 34:6, 7 21 Hebreos 11:6 22 Nehemías 9:32, 33 23 Salmo 5:5, 6 24 Nahum 1:2,3 Éxodo 34:7 25 Juan 5:26 26 Hechos 7:2 27 Salmo 119:68 28 1 Timoteo 6:15 Romanos 9:5 29 Hechos 17:24, 25 30 Job 22:2, 3 31 Romanos 11:36 32 Apocalipsis 4:11 1 Timoteo 6:15 Daniel 4:25, 35 33 Hebreos 4:13 34 Romanos 11:33, 34 35 Hechos 15:18 Ezequiel 11:5 36 Salmo 145:17 Romanos 7:12 37 Apocalipsis 5:12-14 38 1 Juan 5:7 Mateo 3:16-17 Mateo 28:19 2 Corintios 13:14 39 Juan 1:14, 18 40 Juan 15:26 Gálatas 4:6

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Capítulo 3: Del Decreto Eterno de Dios

1. Dios desde la eternidad, por el consejo más sabio y santo de su propia voluntad, ordenó libremente y inmutablemente toda cosa que llega de suceder1: y sin embargo, de tal manera cual ni es Dios el autor del pecado2, ni hace violencia a la voluntad de las criaturas, ni es la libertad o contingencia de causas secundarias quitadas, sino más bien establecidas3.

2. Aunque Dios sabe cualquier cosa que pueda o puede llegar a cabo sobre todas las condiciones supuestas4, aún Él no ha decretado cualquier cosa porque Él lo previó como algo futuro o como eso que llegaría a cabo sobre dichas condiciones5.

3. Por el decreto de Dios, para la manifestación de Su gloria, algunos hombres y ángeles6 son predestinados hacia la vida eterna y otros preordenados a la muerte eterna7.

4. Estos ángeles y hombres, así predestinados y preordenados, son designados particularmente e inmutable y su número es tan seguro y definido, que no puede ser ni incrementado o diminuido8.

5. Estos seres humanos que son predestinados hacia la vida, Dios, antes que la fundación del mundo se estableció, en acuerdo a su propósito eterno e inmutable y el consejo secreto y bien placito de su voluntad, ha escogido, en Cristo, hacia la gloria eterna9, de su amor y libre gracia, sin algún previsto de fe o buenas obras, o perseverancia en cualquiera de estos, o cualquier otra cosa en la criatura, como condiciones o causas moviéndolo hacia ello10: y todo para la alabanza de su gracia gloriosa11.

6. Como Dios ha decretado los escogidos hacia la gloria, así Él ha, por su eterno y muy libre propósito de su voluntad, preordenado todos los medios hacia esto12. Por lo cual ellos quienes son elegidos, siendo caídos en Adán, son redimidos por Cristo13, son eficazmente llamados hacia fe en Cristo por su Espíritu obrando en el tiempo designado, son justificados, adoptados, santificados14 y guardados por su poder por medio de la fe hacia la salvación15. Ni siquiera son otros redimidos por Cristo, eficazmente llamados, justificados, adoptados, santificados y salvos, sino los escogidos solamente16.

7. El resto de la humanidad Dios le plació, en acuerdo a su consejo inescrutable de su propia voluntad, por lo cuál Él extiende o detiene misericordia, como le place, para la gloria de su poder soberana sobre sus criaturas, de pasarlos; y de ordenarlos a deshonra e ira, por causa sus pecados, para la alabanza de su justicia gloriosa17.

8. La doctrina de este misterio alto de la predestinación es de ser manejado con prudencia especial y cuidado18, que hombres atendiendo la voluntad de Dios revelado en su Palabra y rindiendo obediencia hacia esto, puedan, de la certidumbre de su vocación, ser seguros de su elección eterna19. Así que esta doctrina producirá motivos de adoración, reverencia y admiración a Dios20, y de humildad, diligencia y consolación abundante a todos que sinceramente obedecen el evangelio21.

1 Efesios 1:11 Romanos 11:33 Hebreos 6:17 Romanos 9:15, 18 2 Santiago 1:13, 17 1 Juan 1:5 3 Hechos 2:23 Mateo 17:12 Hechos 4:27, 28 Juan 19:11 Proverbios 16:33 4 Hechos 15:18 1 Samuel 23:11, 12 Mateo 11:21, 23 5 Romanos 9:11, 13, 16, 18 6 1 Timoteo 5:21 Mateo 25:41 7 Romanos 9:22, 23 Efesios 1:5, 6 Proverbios 16:4 8 2 Timoteo 2:19 Juan 13:48 9 Efesios 1:4, 9, 11 Romanos 8:30 2 Timoteo 1:9 1 Tesalonicenses 5:9 10 Romanos 9:11, 13, 16 Efesios 1:4, 9 11 Efesios 1:6, 12 12 1 Pedro 1:2 Efesios 1:4, 5 Efesios 2:10 2 Tesalonicenses 2:13 13 1 Tesalonicenses 5:9, 10 Tito 2:14 14 Romanos 8:30 Efesios 1:5 2 Tesalonicenses 2:13 15 1 Pedro 1:5 16 Juan 17:9 Romanos 8:28-39 Juan 6:64, 65 Juan 10:26 Juan 8:47 1 Juan 2:19 17 Mateo 11:25, 26 Romanos 9:17, 18, 21, 22 2 Timoteo 2:19, 20 Judas 4 1 Pedro 2:8 18 Romanos 9:20 Romanos 11:33 Deuteronomio 29:29 19 2 Pedro 1:10 20 Efesios 1:6 Romanos 11:33 21 Romanos 11:5, 6, 20 2 Pedro 1:10 Romanos 8:33 Lucas 10:20

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Capítulo 4: De la Creación

1. Le plació a Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo1, para la manifestación de la gloria de su poder eterno, sabiduría y bondad2, en el principio, de crear, o hacer de nada, el mundo y todas las cosas en ello sea visible o invisible, en el espacio de seis días; y todo muy bueno3.

2. Después que Dios había hecho todas las otras criaturas, Él creo al hombre, varón y hembra4, con almas razonables e inmortales5, dotados con conocimiento, justicia y piedad verdadera, después de su imagen6. Teniendo la ley de Dios escrita en sus corazones7, y el poder de cumplirlo8: sin embargo debajo la posibilidad de trasgresión, siendo dejados a la libertad de su propia voluntad, cuál era sujeto al cambio9. Aparte de ésta ley escrita en sus corazones, ellos recibieron un mandamiento, de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, cuál mientras lo guardaban, ellos estaban felices en su comunión con Dios10 y tenían el dominio sobre las criaturas11.

1 Hebreos 1:2 Juan 1:2,3 Génesis 1:2 Job 26:13 y 33:4 2 Romanos 1:20 Jeremías 10:12 Salmo 104:24 Salmo 33:5, 6 3 Génesis 1 Hebreos 11:3 Colosenses 1:16 Hechos 17:24 4 Génesis 1:27 5 Génesis 2:7 con Eclesiastés 12:7 y Lucas 23:43 Mateo 10:28 6 Génesis 1:26 Colosenses 3:10 Efesios 4:24 7 Romanos 2:14, 15 8 Eclesiastés 7:29 9 Génesis 3:6 Eclesiastés 7:29 10 Génesis 2:17 Génesis 3:8-11, 23 11 Génesis 1:26, 28

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Capítulo 5: De la Providencia

1. Dios, el gran creador de todas las cosas, sostiene1, dirige, dispone y gobierna todas las criaturas, las acciones y las cosas2, desde lo más grande hasta lo más insignificante3, por su más sabia y santa providencia4, en acuerdo a su infalible presciencia5 y el libre e inmutable consejo de su propia voluntad6, para la alabanza de la gloria de su sabiduría, poder, justicia, bondad y misericordia7.

2. Aunque, en la relación a la presciencia y decreto de Dios, el primer Causa, todas las cosas llegan a pasar inmutablemente e infaliblemente8: aún, por la misma providencia, Él los ordena que sucedan, en acuerdo a la naturaleza de segunda causas, sea necesaria, libre o de contingencia9.

3. Dios en su providencia ordinaria hace uso de medios10, aún está libre para obrar sin ellos11, sobre ellos12 y contra ellos, según le plazca13.

4. El todopoderoso poder, la inescrutable sabiduría y infinito bondad de Dios se manifiestan en su providencia, que se extiende hasta la primera caída y todo los otros pecados de ángeles y los hombres14; y no por un simple permiso15, pero tal que se ha unido con esto un muy sabio y poderosa atamiento16 y otramente ordenándolos y gobernándolos, en una dispensación diversa, a su propia santa fin17; aún tal, como el pecado de ello procede solamente de la criatura, y no de Dios, quien, siendo muy santo y justo, ni es, ni puede ser, el autor o aprobador del pecado18.

5. El más sabio, justo y gracioso Dios muchas veces deja por un tiempo su propios hijos a múltiples tentaciones y a la corrupción de su propios corazones, para disciplinarlos por sus pecados anteriores o para descubrir hacia ellos la fuerza escondida de la corrupción y del corazón engañoso, para que sean humildes19; y para levantarlos a una dependencia más cercana y constante para su apoyo hacia Él mismo, y para hacerlos más vigilantes contra todas ocasiones futuras de pecar y para múltiples otros justos y santos fines20.

6. Sobre esos malvados y impíos hombres quienes Dios, como un justo Juez, por pecados pasados los siegan y los endurecen21, de ellos Él no tan solo detiene su gracia, por la cual pudieron ser iluminados en sus entendimientos y obrando sobre sus corazones22; pero algunas veces también quita los dones que tuvieron23, y los expone a tales objetos como su corrupción hace ocasiones de pecar24; y, además, los entregan a sus propios codicias, las tentaciones del mundo y al poder del diablo25: por lo cual sucede que se endurecen, aún debajo esos medios que Dios usa para suavizar a otros26.

7. Como la providencia de Dios en general alcanza a todas las criaturas, así en una manera muy especial tomo cuidado de su Iglesia y dispone todas las cosas para el bueno de ella27.

1 Hebreos 1:3 2 Daniel 4:34, 35 Salmo 135:6 Hechos 17:25, 26, 28 Job 38-41 3 Mateo 10:29-31 4 Proverbios 15:3 Salmo 104:24 y 145:17 5 Hechos 15:18 Salmo 94:8-11 6 Efesios 1:11 Salmo 33:10-11 7 Isaías 63:14 Efesios 3:10 Romanos 9:17 Génesis 45:7 Salmo 145:7 8 Hechos 2:23 9 Génesis 8:22 Jeremías 31:35 Éxodo 21:13 Deuteronomio 19:5 1 Reyes 22:28, 34 Isaías 10:6, 7 10 Hechos 27:31, 44 Isaías 55:10, 11 Oseas 2:21, 22 11 Oseas 1:7 Mateo 4:4 Job 34:20 12 Romanos 4:19-21 13 2 Reyes 6:6 Daniel 3:27 14 Romanos 11:32-34 2 Samuel 24:1 1 Crónicas 21:1 1 Reyes 22:22, 23 1 Crónicas 10:4, 13, 14 2 Samuel 16:10 Hechos 2:23 Hechos 4:27, 28 15 Hechos 14:16 16 Salmo 76:10 2 Reyes 19:28 17 Génesis 50:20 Isaías 10:6, 7, 12 18 Santiago 1:13, 14, 17 1 Juan 2:16 Salmo 50:21 19 2 Crónicas 32:25, 26, 21 2 Samuel 24:1 20 2 Crónicas 12:7-9 Salmo 73 Salmo 77:1-12 Marcos 14:66-72 con Juan 21:15-17 21 Romanos 1:24, 26, 28 Romanos 11:7-8 22 Deuteronomio 29:4 23 Mateo 13:12 Mateo 25:29 24 Deuteronomio 2:30 2 Reyes 8:12, 13 25 Salmo 81:11, 12 2 Tesalonicenses 2:10-12 26 Éxodo 7:3, 8:15, 32 2 Crónicas 2:15, 16 Isaías 8:14 1 Pedro 2:7, 8 Isaías 6:9, 10 con Hechos 28:26, 27 27 1 Timoteo 4:10 Amós 9:8, 9 Romanos 8:28 Isaías 43:3-5, 14

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Capítulo 6: De la Caída del Hombre, del Pecado y su Castigo

1. Nuestros primeros padres, siendo seducidos por la sutilidad y la tentación de Satanás, pecaron en comiendo la fruta prohibida1. Esto su pecado le plació a Dios, en acuerdo a su consejo sabia y santa, de permitir, habiendo designado de ordenarlo hacia su propia gloria2

2. Por éste pecado ellos cayeron de su justicia original y comunión con Dios3, y pues fueron muertos en pecados4, y totalmente profanos en todas las facultades y de las partes de su alma y cuerpo5.

3. Ellos siendo la raíz de toda la humanidad, la culpa de éste pecado fue imputado6 y la misma muerte en el pecado y la corrupción de la naturaleza cedida a toda su posteridad descendiendo de ellos por la generación ordinaria7.

4. Desde esta corrupción original, por la cual somos totalmente desinclinados, inútiles y hechos opuestos a todo lo bueno8 y totalmente inclinados a toda maldad9, procede todas las transgresiones actuales10.

5. Esta corrupción de la naturaleza, durante esta vida, se queda en ellos que son regenerados11; y aunque sean, por medio de Cristo, perdonados y mortificados, aún ambos el ser y todas las mociones de ello son de veras y propiamente pecado12.

6. Cada pecado, ambos el original y actual, siendo una trasgresión de la justa ley de Dios y contrario hacia ello13, hace, en su propia naturaleza, traer culpa sobre el pecador14; por lo cual él es atado hacia la ira de Dios15 y la maldición de la ley16 y así puesto en sujeción a la muerte17, con todas las miserias espirituales18, temporales19 y eternas20.

1 Génesis 3:13 2 Corintios 11:3 2 Romanos 11:32 3 Génesis 3:6-8 Eclesiastés 7:29 Romanos 3:23 4 Génesis 2:17 Efesios 2:1 5 Tito 1:15 Génesis 6:5 Jeremías 17:9 Romanos 3:10-18 6 Génesis 1:27-28 y Génesis 2:16, 17 y Hechos 17:26 con Romanos 5:12, 15-19 y 1 Corintios 15:21, 22, 49 7 Salmo 51:5 Génesis 5:3 Job 14:4, 15:14 8 Romanos 5:6, 7:18, 8:7 Colosenses 1:21 9 Génesis 6:5, 8:21 Romanos 3:10-12 10 Santiago 1:14, 15 Efesios 2:2, 3 Mateo 15:19 11 1 Juan 1:8, 10 Romanos 7:14, 17, 18, 23 Santiago 3:2 Proverbios 20:9 Eclesiastés 7:20 12 Romanos 7:5, 7, 8, 25 Gálatas 5:17 13 1 Juan 3:4 14 Romanos 2:15, 3:9, 19 15 Efesios 2:3 16 Gálatas 3:10 17 Romanos 6:23 18 Efesios 4:18 19 Romanos 8:20 Lamentaciones 3:39 20 Mateo 25:41 2 Tesalonicenses 1:9

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Capítulo 7: Del Pacto de Dios con el Hombre

1. La distancia entre Dios y la criatura es tan vasto, aunque criaturas razonables deben obediencia hacia Él como su Creador, aún nunca pueden tener cualquier fruto de Él como su bendición y recompensa, sino por una condescendencia voluntaria de parte de Dios, cual le ha placido de expresar por medio del pacto1.

2. El primer pacto hecho con el hombre fue un pacto de obras2, en cual la vida fue prometida a Adán y en él a su posteridad3, sobre la condición de una obediencia perfecta y personal4.

3. El hombre por su caída se hizo incapaz de la vida por ese pacto, el Señor le plació de hacer una segunda5, comúnmente llamado el pacto de gracia; en la cual Él libremente ofrece hacia los pecadores vida y la salvación por medio de Jesucristo, requiriendo de ellos fe en Él para que sean salvos6, y prometiendo de dar a todos quienes son ordenados hacia la vida Su Espíritu Santo, para hacerlos deseosos y capaces para creer7.

4. Este pacto de gracia es frecuentemente llamado en las escrituras con el nombre testamento, en referencia a la muerte de Jesucristo el testador y a la herencia eterna, con todas las cosas perteneciendo a ella, en esto legado8.

5. Este pacto fue administrado en manera diferente en el tiempo de la ley y en el tiempo del evangelio9: debajo de la ley, fue administrado por promesas, profecías, sacrificios, circuncisión, el cordero pascual y otros tipos y ordenanzas dado al pueblo Judea, todo esto prefigurando el Cristo de venir10: cuales fueron, para ese tiempo, suficientes y eficaces, por medio de la operación de l Espíritu, para instruir y crecer los escogidos en fe en el Mesías prometido11, por medio de quien tuvieron remisión total de pecados y vida eterna. Este es llamado el Antiguo Testamento12.

6. Debajo el evangelio, cuando Cristo, el sustancia13, fue exhibido, las ordenanzas en la cual este pacto es dispensado son la predicación de la Palabra y la administración de los sacramentos del bautismo y la Santa Cena14: cuales, aunque poco en número y administrado con más simpleza y menos gloria externa; aún, en ellos, es puesto por delante en más llenura, evidencia y eficaz espiritual15, a todas las naciones, ambos judíos y gentiles16. Este es llamado el Nuevo Testamento17. No hay pues dos pactos de gracia, diferenciándose en sustancia, sino uno y el mismo, debajo varias dispensaciones18.

1 Isaías 40:13-17 Job 9:32, 33 1 Samuel 2:25 Salmo 113:5 Salmo 100:2, 3 Job 22:2, 3 Job 35:7, 8 Lucas 17:10 Hechos 17:24, 25 2 Gálatas 3:12 3 Romanos 10:5 Romanos 5:12-20 4 Génesis 2:17 Gálatas 2:17 3:10 5 Gálatas 3:21 Romanos 8:3 Romanos 3:20, 21 Génesis 3:15 Isaías 42:6 6 Marcos 16:15, 16 Juan 3:16 Romanos 10:6, 9 Gálatas 3:11 7 Ezequiel 36:26, 27 Juan 6:44, 45 8 Hebreos 9:15-17 Hebreos 7:22 Lucas 22:20 1 Corintios 11:25 9 2 Corintios 3:6-9 10 Hebreos Cáp.:8-10 Romanos 4:11 Colosenses 2:11, 12 1 Corintios 5:7 11 1 Corintios 10:1-4 Hebreos 11:13 Juan 8:56 12 Gálatas 3:7-9, 14 13 Colosenses 2:17 14 Mateo 28:19-20 1 Corintios 11:23-25 15 Hebreos 12:22-28 Jeremías 31:33, 34 16 Mateo 28:19 Efesios 2:15-19 17 Lucas 22:20 18 Gálatas:3:14, 16 Romanos 3:21-23, 30 Salmo 32:1 Romanos 4:3, 6, 16, 17, 23, 24 Hebreos 13:8 Hechos 15:11

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Capítulo 8: De Cristo el Mediador

1. Le plació a Dios, en Su propósito eterno, de escoger y ordenar el Señor Jesús, Su único Hijo engendrado, de ser el Mediador entre Dios y el hombre1; el Profeta2, el Sacerdote3 y el Rey4, el Cabeza y Salvador de Su Iglesia5, el Heredero de todas las cosas6 y Juez del mundo7: hacia quien Él desde toda la eternidad le dio a un pueblo, de ser Su Semilla8 y de ser por Él a su tiempo redimidos, llamados, justificados, santificados y glorificados9.

2. El Hijo de Dios, el segundo persona en la Trinidad, siendo verdadero y eterno Dios, igual y de una sustancia con el Padre, tomo, cuando la llenura de tiempo había llegado, sobre Él la naturaleza del hombre10, con todas las propiedades y debilidades común de ello, aún sin algún pecado11: siendo concebido por el poder del Espíritu Santo, en la vientre del virgen María, de la sustancia de ella12. Así pues que dos enteros, perfectos y naturalezas distintas, la divina y la humana, fueron inseparablemente juntados en una persona, sin conversión, composición ni confusión13. Cual persona es de veras Dios y de veras hombre, aún un Cristo, el único Mediador entre Dios y el hombre14.

3. El Señor Jesús, en Su naturaleza humana así unido al divino, fue santificado y ungido con el Espíritu Santo, sin medida15, teniendo en Él toda las riquezas de sabiduría y conocimiento16; en quien le agradó al Padre que habitase toda plenitud17; a ese fin, siendo santo, inocuo, sin mancha y lleno de la gracia y de la verdad18, Él pueda ser totalmente equipado de ejecutar la oficina de mediador y fiador19. Cual oficina Él no lo tomo de si mismo, sino fue llamado hacia ello por Su Padre20, quien puso todo poder y juicio en Su mano y le dio mandamiento para ejecutar lo mismo21.

4. Este oficina el Señor Jesús con buena voluntad tomo22 y para empeñarlo, se sujetó bajo la ley23 y perfectamente lo cumplió24, padeció los tormentos más agraviosos inmediatamente en Su alma25 y los sufrimientos más dolorosos en Su cuerpo26; fue crucificado y murió27; fue sepultado y estuvo bajo el poder de la muerte; aún no vio la corrupción28. En el tercer día Él resucito de entre los muertos29, con el mismo cuerpo en la cual había sufrido30, con la cual también ascendió al cielo y allí está sentado a la diestra de Su Padre31, haciendo intercesión32 y regresará para juzgar a los hombres y los ángeles en el fin del mundo33.

5. El Señor Jesús, por Su perfecta obediencia y sacrificio de Si mismo, cual Él, por medio del eterno Espíritu, por una vez se ofreció hacia Dios, ha hecho satisfacción completo de la justicia de Su Padre34; y compró, no tan solo la reconciliación, sino también una inherencia eterna en el reino de los cielos, para todos aquellos quien el Padre ha dado hacia Él35.

6. Aunque la obra de redención no fue actualmente hecha por Cristo hasta después de Su encarnación, aún la virtud, la eficaz y los beneficios de ello fueron comunicados hacía los elegidos en todos los siglos desde el principio del mundo, en y por esas promesas, tipos y sacrificios, en las cuales Él fue revelado y significado de ser la semilla de la mujer cual heriría la cabeza del serpiente; y el Cordero inmolado desde el principio del mundo: siendo ayer y hoy el mismo, y para siempre36.

7. Cristo, en la obra de la mediación, obra según a las dos naturalezas, cada naturaleza haciendo lo que es propio para si37: aún, por razón de la unidad de la persona, eso que es propio para una naturaleza, es a veces en la Escritura atribuido a la persona dominada por la otra naturaleza38.

8. A todos ellos por quien Cristo ha comprado la redención, Él por seguro y eficazmente aplica y comunica lo mismo39, haciendo intercesión para ellos40 y revelando hacía ellos, en y por la Palabra, los misterios de la salvación41, eficazmente persuadiéndolos por Su Espíritu para creer y obedecer, y gobernando sus corazones con Su Palabra y Espíritu42, venciendo todos sus enemigos por Su todopoderoso poder y sabiduría, en tal manera y medios, que son más consonante a Su maravilloso y dispensación inescrutable43.

1 Isaías 42:1 1 Pedro 1:19, 20 Juan 3:16 1 Timoteo 2:5 2 Hechos 3:22 3 Hebreos 5:5, 6 4 Salmo 2:6 Lucas 1:33 5 Efesios 5:23 6 Hebreos 1:2 7 Hechos 17:31 8 Juan 17:6 Salmo 22:30 Isaías 53:10 9 1 Timoteo 2:6 Isaías 55:4, 5 1 Corintios 1:30 10 Juan 1:1, 14 1 Juan 5:29 Filipenses 2:6 Gálatas 4:4 11 Hebreos 2:14, 16, 17 Hebreos 4:15 12 Lucas 1:27, 31, 35 Gálatas 4:4 13 Lucas 1:35 Colosenses 2:9 Romanos 9:5 1 Pedro 3:18 1 Timoteo 3:16 14 Romanos 1:3, 4 1 Timoteo 2:5 15 Salmo 45:7 Juan 3:34 16 Colosenses 2:3 17 Colosenses 1:19 18 Hebreos 7:26 Juan 1:14 19 Hechos 10:38 Hebreos 12:24 Hebreos 7:22 20 Hebreos 5:4, 5 21 Juan 5:22, 27 Mateo 28:18 Hechos 2:36 22 Salmo 40:7, 8 con Hebreos 10:5-10 Juan 10:18 Filipenses 2:8 23 Gálatas 4:4 24 Mateo 3:15 Mateo 5:17 25 Mateo 26:37, 38 Lucas 22:44 Mateo 27:46 26 Mateo 26 y 27 27 Filipenses 2:8 28 Hechos 2:23, 24, 27 Hechos 13:37 Romanos 6:9 29 1 Corintios 15:3, 4 30 Juan 10:25, 27 31 Marcos 16:19 32 Romanos 8:34 Hebreos 9:24 Hebreos 7:25 33 Romanos 14:9, 10 Hechos 1:11 Hechos 10:42 Mateo 13:40-42 Judas 6 2 Pedro 2:4 34 Romanos 5:19 Hebreos 9:14, 16 Hebreos 10:14 Efesios 5:2 Romanos 3:25, 26 35 Daniel 9:24, 26 Colosenses 1:19, 20 Efesios 1:11, 14 Juan 17:2 Hebreos 9:12, 15 36 Gálatas 4:4, 5 Génesis 3:15 Apocalipsis 13:8 Hebreos 13:8 37 Hebreos 9:14 1 Pedro 3:18 38 Hechos 20:28 Juan 3:13 1 Juan 3:16 39 Juan 6:37, 39 Juan 10:15, 16 40 1 Juan 2:1, 2 Romanos 8:34 41 Juan 15:13, 15 Efesios 1:7-9 Juan 17:6 42 Juan 14:16 Hebreos 12:2 2 Corintios 4:13 Romanos 8:9, 14 Romanos 15:18, 19 Juan 17:17 43 Salmo 110:1 1 Corintios 15:25, 26 Malaquías 4:2, 3 Colosenses 2:15

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Capítulo 9: Del Libre Albedrío

1. Dios ha dotado al albedrío o la voluntad con esa libertad natural, que es ni forzada, ni por ninguna necesidad absoluta de la naturaleza determinada al bueno o al malo1.

2. El hombre, en su estado de inocencia, tenia la libertad y el poder para determinar y hacer eso que es bueno y agradable a Dios2, pero aún mutablemente, para que pudiera cayera de ese estado3.

3. El hombre, por su caída a un estado de pecado, ha totalmente perdido toda la capacidad de la voluntad o el albedrío de ser algún bien espiritual que acompañe a la salvación4: por tanto, un hombre natural, siendo totalmente opuesto de ese bien5, y muerto en pecado6, no es capaz, por su propia fuerza, de convertirse de si mismo o de prepararse de ser salvo7.

4. Cuando Dios convierte a un pecador y lo traslada a un estado de gracia, Él lo rescata de su esclavitud natural debajo el pecado8; y, por Su gracia solamente, lo capacita para querer y obrar lo que es espiritualmente bueno9; aún, por razón de su corrupción que queda, él no lo hace perfectamente, ni solamente desea eso lo que es bueno, pero también desea eso lo que es maldad10.

5. El albedrío o la voluntad del hombre es hecho perfectamente e inmutablemente libre para hacer el bueno únicamente, en el estado de gloria solamente11.

1 Mateo 17:12 Santiago 1:14 Deuteronomio 30:19 2 Eclesiastés 7:29 Génesis 1:26 3 Génesis 2:16, 17 Génesis 3:6 4 Romanos 5:6 Romanos 8:7 Juan 15:5 5 Romanos 3:10, 12 6 Efesios 2:1, 5 Colosenses 2:13 7 Juan 6:44, 65 Efesios 2:2-5 1 Corintios 2:14 Tito 3:3-5 8 Colosenses 1:13 Juan 8:34, 36 9 Filipenses 2:13 Romanos 6:18, 22 10 Gálatas 5:17 Romanos 7:15, 18, 19, 21, 23 11 Efesios 4:13 Hebreos 12:23 1 Juan 3:2 Judas 24

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Capítulo 10: Del Llamamiento Eficaz

1. Todos ellos quienes Dios ha predestinado a la vida, y a ellos solamente, le agrada en Su apuntado y aceptado tiempo de llamar eficazmente1, por Su Palabra y el Espíritu2, fuera de ese estado de pecado y muerte, en la cual ellos están por naturaleza, a la gracia y la salvación por Jesucristo3; iluminando de modo espiritual y salvador su entendimiento, a fin de que comprendan las cosas de Dios4; quitándoles su corazón de piedra y dándoles un corazón de carne5; renovando sus voluntades y por Su todopoderoso poder determinándoles a eso que es bueno6, y eficazmente trayéndolos a Jesucristo7: de tal manera que ellos vienen muy libremente, siendo hechos deseosos por Su gracia8.

2. Este llamamiento eficaz proviene de la libre y especial gracia de Dios solamente, por ninguna cosa prevista en el hombre9, quien es totalmente pasivo en eso, hasta que es vivificado y renovado por el Espíritu Santo10, él es por este modo capacitado de responder a este llamamiento y de recibir la gracia ofrecida y comunicada en ello11.

3. Los niños elegidos que mueren en la infancia son regenerados y salvados por Cristo por medio del Espíritu12, quien obra cuándo, dónde y cómo quiere13. En la misma condición están todas las personas elegidas que sean incapaces de ser llamadas externamente por el ministerio de la Palabra14

4. Las personas no elegidas, aunque sean llamadas por el ministerio de la Palabra15 y tengan algunas de las manifestaciones comunes del Espíritu16, nunca acuden verdaderamente a Cristo, y por lo tanto no pueden ser salvos17; y mucho menos pueden ser salvos de otra manera aquellos que no profesan la religión cristiana, aun cuando sean diligentes en ajustar sus vidas a la luz de la naturaleza y a la ley de la religión que profesen18; y el afirmar y sostener que lo pueden lograr así, es muy pernicioso y detestable19.

1 Romanos 8:30 Romanos 11:7 Efesios 1:10, 11 2 2 Tesalonicenses 2:13, 14 2 Corintios 3:3, 6 3 Romanos 8:2 Efesios 2:1-5 2 Timoteo 1:9, 10 4 Hechos 26:18 1 Corintios 2:10, 12 Efesios 1:17, 18 5 Ezequiel 36:26 6 Ezequiel 11:19 Filipenses 2:13 Deuteronomio 30:6 Ezequiel 36:27 7 Efesios 1:19 Juan 6:44, 45 8 Cantares 1:4 Salmo 110:3 Juan 6:37 Romanos 6:16, 17, 18 9 2 Timoteo 1:9 Tito 3:4 Efesios 2:4, 5, 8, 9 Romanos 9:11 10 1 Corintios 2:14 Romanos 8:7 Efesios 2:5 11 Juan 6:37 Ezequiel 36:27 Juan 5:25 12 Lucas 18:15, 16 Hechos 2:38, 39 Juan 3:3, 5 1 Juan 5:12 Romanos 8:9 13 Juan 3:8 14 1 Juan 5:12 Hechos 4:12 15 Mateo 22:14 16 Mateo 7:22 y 13:20, 21 Hebreos 6:4, 5 17 Juan 6:64-66 y 8:24 18 Hechos 4:12 Juan 14:6 Efesios 2:12 Juan 4:22 y 17:3 19 2 Juan 9-11 1 Corintios 16:22 Gálatas 1:6-8

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Capítulo 11: De la Justificación

1. A quienes Dios llama de una manera eficaz, también justifica gratuitamente1, no infundiendo justicia en ellos, sino perdonándoles sus pecados, y contando y aceptando su persona como justa; no por algo obrado en ellos o hecho por ellos, sino solamente por causa de Cristo; no por imputarles la fe misma, ni el acto de creer, ni ninguna otra obediencia evangélica como justicia, sino imputándoles la obediencia y satisfacción de Cristo2; y ellos le reciben y descansan en Él y en su justicia, por la fe. Esta fe no la tienen de ellos mismos: es un don de Dios3.

2. La fe, que así recibe y descansa en Cristo y en su justicia, es el único instrumento de justificación4; aunque no está sola en la persona justificada, sino que siempre va acompañada por todas las otras gracias salvadoras, y no es fe muerta, sino que obra por el amor5.

3. Cristo, por su obediencia y muerte, saldó totalmente la deuda de todos aquellos que así son justificados, e hizo una adecuada, real y completa satisfacción a la justicia de su Padre, a favor de ellos6. Sin embargo, por cuanto Cristo fue dado por el Padre para los justificados7, y Su obediencia y satisfacción fueron aceptadas en lugar de la de ellos8, y esto gratuitamente, y no por algo que hubiera en los justificados, su justificación es solamente de pura gracia9; a fin de que tanto la rigurosa justicia, como la rica gracia de Dios, puedan ser glorificadas en la justificación de los pecadores10.

4. Desde la eternidad, Dios decretó justificar a todos los elegidos11; y en el cumplimiento del tiempo, Cristo murió por los pecados de ellos, y resucitó para su justificación12. Sin embargo, los elegidos no son justificados hasta que el Espíritu Santo, en el momento debido, les hace realmente partícipes de Cristo13.

5. Dios continúa perdonando los pecados de aquellos que son justificados14; y aunque ellos nunca pueden caer del estado de justificación15, sin embargo pueden, por sus pecados, caer en el desagrado paternal de Dios y no tener la luz de Su rostro restaurada sobre ellos hasta que se humillen, confiesen sus pecados, pidan perdón y renueven su fe y su arrepentimiento16.

6. La justificación de los creyentes en el Antiguo Testamento era, en todos estos respectos, una y la misma que la justificación de los creyentes en el Nuevo Testamento17.

1 Romanos 8:30 y 3:24 2 Romanos 4:5-8 2 Corintios 5:19, 21 Romanos 3:22, 24, 25, 27, 28 Tito 3:5 Efesios 1:7 Jeremías 23:6 1 Corintios 1:30, 31 Romanos 5:17-19 3 Hechos 10:44 Gálatas 2:16 Filipenses 3:9 Hechos 13:38 Efesios 2:7, 8 4 Juan 1:12 Romanos 3:28 y 5:1 5 Santiago 2:17, 22, 26 Gálatas 5:6 6 Romanos 5:8-10, 19 1 Timoteo 2:5, 6 Hebreos 10:10, 14 Daniel 9:24, 26 Isaías 53:4-6, 10-12 7 Romanos 8:32 8 2 Corintios 5:21 Mateo 3:17 Efesios 5:2 9 Romanos 3:24 Efesios 1:7 10 Romanos 3:26 Efesios 2:7 11 Gálatas 3:8 1 Pedro 1:2, 19, 20 Romanos 8:30 12 Gálatas 4:4 1 Timoteo 2:6 Romanos 4:25 13 Colosenses 1:21, 22 Gálatas 2:16 Tito 3:4-7 14 Mateo 6:12 1 Juan 1:7, 9 y 2:1, 2 15 Lucas 22:32 Juan 10:28 Hebreos 10:14 16 Salmo 89:31-33 51:7-12 y 32:5 Mateo 26:75 1 Corintios 11:30, 32 Lucas 1:20 17 Gálatas 3:9, 13, 14 Romanos 4:22-24 Hebreos 13:8

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Capítulo 12: De la Adopción

1. Dios se digna conceder a todos aquellos que son justificados en y por su único Hijo Jesucristo, que sean partícipes de la gracia de adopción1, por la cual son contados en el número de los hijos de Dios, y gozan de sus libertades y privilegios2; están marcados con su nombre3, reciben el Espíritu de adopción4; tienen acceso confiadamente al trono de la gracia5; están capacitados para clamar: Abba, Padre6; son compadecidos7, protegidos8, proveídos9, y corregidos por Él como por un padre10, pero nunca desechados11, sino sellados para el día de la redención12, y heredan las promesas13 como herederos de salvación eterna14.

1 Efesios 1:5 Gálatas 4:4, 5 2 Romanos 8:17 Juan 1:12 3 Jeremías 14:9 2 Corintios 6:18 Apocalipsis 3:12 4 Romanos 8:15 5 Efesios 3:12 Romanos 5:2 6 Gálatas 4:6 7 Salmo 103:13 8 Proverbios 14:26 9 Mateo 6:30, 32 1 Pedro 5:7 10 Hebreos 12:6 11 Lamentaciones 3:31 12 Efesios 4:30 13 Hebreos 6:12 14 1 Pedro 1:3, 4 Hebreos 1:14

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Capítulo 13: De la Santificación

1. Aquellos que son llamados eficazmente y regenerados, habiendo sido creado en ellos un nuevo corazón y un nuevo espíritu, son además santificados de un modo real y personal, por virtud de la muerte y resurrección de Cristo1, por su Palabra y Espíritu que mora en ellos2. El dominio del pecado sobre el cuerpo entero es destruido3, y las diversas concupiscencias del mismo son debilitadas y mortificadas más y más4, y los llamados son cada vez más fortalecidos y vivificados en todas las gracias salvadoras5, para la práctica de la verdadera santidad, sin la cual ningún hombre verá al Señor6.

2. Esta santificación se efectúa en toda la persona7 aunque es incompleta en esta vida; todavía quedan algunos remanentes de corrupción en todas partes8, de donde surge una continua e irreconciliable batalla: la carne lucha contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne9.

3. En dicha batalla, aunque la corrupción que aun queda puede prevalecer mucho por algún tiempo10, la parte regenerada triunfa11 a través del continuo suministro de fuerza de parte del Espíritu Santificador de Cristo; y así crecen en gracia los santos12, perfeccionando la santidad en el temor de Dios13.

1 1 Corintios 6:11 Hechos 20:32 Filipenses 3:10 Romanos 6:5, 6 2 Juan 17:17 Efesios 5:26 2 Tesalonicenses 2:13 3 Romanos 6:6, 14 4 Gálatas 5:24 Romanos 8:13 5 Colosenses 1:11 Efesios 3:16-19 6 2 Corintios 7:1 Hebreos 12:14 7 1 Tesalonicenses 5:23 8 1 Juan 1:10 Romanos 7:18 Filipenses 3:12 9 Gálatas 5:17 1 Pedro 2:11 10 Romanos 7:23 11 Romanos 6:14 1 Juan 5:4 Efesios 4:15, 16 12 2 Pedro 3:18 2 Corintios 3:18 13 2 Corintios 7:1

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Capítulo 14 De la Fe Salvadora

1. La gracia de la fe, por la cual se capacita a los elegidos para creer, para la salvación de su alma1, es la obra del Espíritu de Cristo en el corazón de ellos2, y ordinariamente se realiza por el ministerio de la Palabra3; por la cual, y también por la administración de los sacramentos y por la oración, esa fe se aumenta y se fortalece4.

2. Por esta fe, el cristiano cree que es verdadero todo lo revelado en la Palabra, porque la autoridad de Dios mismo habla en ella5; y esta fe actúa de manera diferente sobre el contenido de cada pasaje en particular, produciendo obediencia a los mandamientos6, temblor ante las amenazas7, y abrazo de las promesas de Dios para esta vida y para la venidera8. Pero los principales actos de la fe salvadora son: aceptar, recibir y descansar solo en Cristo para la justificación, santificación y vida eterna, por virtud del pacto de gracia9.

3. Esta de es diferente en grados: débil y fuerte10; puede ser atacada y debilitada frecuentemente y de muchas maneras, pero resulta victoriosa11; y crece en muchos hasta obtener la completa seguridad a través de Cristo12, que es el auto y el consumador de nuestra fe13.

1 Hebreos 10:39 2 2 Corintios 4:13 Efesios 1:17-19 y 2:8 3 Romanos 10:14, 17 4 1 Pedro 2:2 Hechos 20:32 Romanos 4:11 Lucas 17:5 Romanos 1:16, 17 5 Juan 4:42 1 Tesalonicenses 2:13 1 Juan 5:10 Hechos 24:14 6 Romanos 16:26 7 Isaías 66:2 8 Hebreos 11:13 1 Timoteo 4:8 9 Juan 1:12 Hechos 16:31 Gálatas 2:20 Hechos 15:11 10 Hebreos 5:13, 14 Romanos 4:19, 20 Mateo 6:30 y 8:10 11 Lucas 22:31 Efesios 6:16 1 Juan 5:4, 5 12 Hebreos 6:11, 12 y 10:22 Colosenses 2:2 13 Hebreos 12:2

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Capítulo 15: Del Arrepentimiento para Vida

1. El arrepentimiento para vida es una gracia evangélica1, y la doctrina que a ella se refiere debe ser predicada por todo ministro del evangelio, tanto como la fe de Cristo2.

2. Al arrepentirse, un pecador se aflige por sus pecados y los aborrece, movido no sólo por su contemplación y el sentimiento de peligro, sino también por lo inmundos y odiosos que son, como contrarios a la santa naturaleza y a la justa Ley de Dios. Y al comprender la misericordia de Dios en Cristo, para aquellos que se arrepienten, el pecador se aflige y aborrece sus pecados, de manera que se aparta de todos ellos y se vuelve hacia Dios3, proponiéndose y esforzándose para andar con Él en todos los caminos de sus mandamientos4.

3. Aunque no se debe confiar en el arrepentimiento como si fuera una satisfacción por el pecado o una causa de perdón del mismo5, ya que el perdón es un acto de la pura gracia de Dios en Cristo6, no obstante, es de tanta necesidad para todos los pecadores que ninguno puede esperar perdón sin arrepentimiento7.

4. Así como no hay pecado tan pequeño que no merezca la condenación8, tampoco hay pecado tan grande que pueda condenar a los que se arrepienten verdaderamente9.

5. Los hombres no deben quedar satisfechos con un arrepentimiento general de sus pecados, sino que es el deber de todo hombre procurar arrepentirse específicamente de sus pecados concretos10.

6. Todo hombre está obligado a confesar privadamente sus pecados a Dios, orando por el perdón de los mismos11: y así, y apartándose de ellos, hallará misericordia12. Del mismo modo, el que escandaliza a su hermano o a la iglesia de Cristo, debe estar dispuesto a declarar su arrepentimiento a los ofendidos13, mediante confesión pública o privada, con tristeza por su pecado; y los ofendidos deberán entonces reconciliarse con él y recibirle con amor14.

1 Hechos 11:18 Zacarías 12:10 2 Lucas 24:47 Marcos 1:15 Hechos 20:21 3 Ezequiel 18:30, 31 y 36:31 Isaías 30:22 Salmo 51:4 Jeremías 31:18, 19 Joel 2:12 Amos 5:15 Salmo 119:128 2 Corintios 7:11 4 Salmo 119:6, 59, 106 Lucas 1:6 2 Reyes 23:25 5 Ezequiel 36:31, 32 y 16:61-63 6 Oseas 14:2, 4 Romanos 3:24 Efesios 1:7 7 Levíticos 13:3, 5 Hechos 17:30, 31 8 Romanos 6:23 y 5:12 Mateo 12:36 9 Isaías 55:7 y 1:16, 18; Romanos 8:1 10 Salmo 19:13 Levíticos 19:8 1 Timoteo 1:13, 15 11 Salmo 32:5, 6 51:4, 5, 7, 9, 14 12 Proverbios 28:13 1 Juan 1:9 13 Santiago 5:16 Levíticos 17:3, 4 Josué 7:19 Salmo 51 14 2 Corintios 2:8

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Capítulo 16: De las Buenas Obras

1. Buenas obras son solamente las que Dios ha ordenado en su santa Palabra1, y no las que, sin ninguna autoridad para ello, han imaginado los hombres por un fervor ciego o con cualquier pretexto de buena intención2.

2. Estas buenas obras, hechas en obediencia a los mandamientos de Dios, son los frutos y evidencias de una fe viva y verdadera3; y por ellas manifiestan los creyentes su gratitud4, fortalecen su seguridad5, edifican a sus hermanos6, adornan la profesión del evangelio7, tapan la boca de los adversarios8, y glorifican a Dios9, cuya obra son, creados en Cristo Jesús para buenas obras10, para que teniendo por fruto la santificación, tengan como fin la vida eterna11.

3. La capacidad que tienen los creyentes para hacer buenas obras no es de ellos en ninguna manera, sino completamente del Espíritu de Cristo12. Y para que ellos puedan tener esta capacidad, además de las gracias que han recibido, se necesita la influencia efectiva del mismo Espíritu Santo para obrar en ellos tanto el querer como el hacer por su buena voluntad13; sin embargo no deben degenerar en negligencias, como si no estuviesen obligados a obrar aparte de un impulso especial del Espíritu, sino que deben ser diligentes en avivar la gracia de Dios que está en ellos14.

4. Quienes por su obediencia alcancen la máxima de perfección que sea posible en esta vida, quedan tan lejos de llegar a un grado supererogatorio, y de hacer más de lo que Dios requiere, que les falta mucho de lo que por deber tienen que hacer15.

5. Nosotros no podemos, por nuestra mejores obras, merecer el perdón del pecado o la vida eterna de la mano de Dios, a causa de la gran desproporción que existe entre nuestras obras y la gloria que ha de venir, y por la distancia infinita que hay entre nosotros y Dios, a quien no podemos beneficiar por dichas obras, ni satisfacer la deuda de nuestros pecados anteriores16; pero cuando hemos hecho todo lo que podemos, no hemos hecho más que nuestro deber, y somos siervos inútiles17; y además nuestras obras son buenas porque proceden de su Espíritu18, y en cuanto son hechas por nosotros, son impuras y contaminadas con tanta debilidad e imperfección, que no pueden soportar la severidad del juicio de Dios19.

6. Sin embargo, a pesar de lo anterior, siendo aceptadas las personas de los creyentes por medio de Cristo, sus buenas obras también son aceptadas en Él20; no como si fueran en esta vida enteramente irreprochables e irreprensibles a la vista de Dios21, sino que a Él, mirándolas en su Hijo, le place aceptar y recompensar lo que es sincero, aun cuando esté acompañado de muchas debilidades e imperfecciones22.

7. Las obras hechas por hombres no regenerados, aun cuando por su esencia puedan ser cosas que Dios ordena, y de utilidad tanto para ellos como para otros23, sin embargo, porque proceden de un corazón no purificado por la fe24, no son hechas en la manera correcta de acuerdo con la Palabra25, ni para un fin correcto –la gloria de Dios-26, son pecaminosas y no pueden agradar a Dios ni hacer a un hombre digno de recibir gracia de Dios27. Y a pesar de esto, el descuido de las buenas obras por parte de los no regenerados es pecaminoso y desagradable a Dios28.

1 Miqueas 6:8 Romanos 12:2 Hechos 13:21 2 Mateo 15:9 Isaías 29:13 1 Pedro 1:18 Romanos 10:2 Juan 16:2 1 Samuel 15:21-23 3 Santiago 2:18, 22 4 Salmo 116:12, 13 1 Pedro 2:9 5 1 Juan 2:3, 5 2 Pedro 1:5-10 6 2 Corintios 9:2 Mateo 5:16 7 Tito 2:5 1 Timoteo 6:1 Tito 2:5, 9-12 8 1 Pedro 2:15 9 1 Pedro 2:12 Filipenses 1:11 Juan 15:8 10 Efesios 2:10 11 Romanos 6:22 12 Juan 15:4-6 Ezequiel 36:26, 27 13 Filipenses 2:13 y 4:13 2 Corintios 3:5 14 Filipenses 2:12 Hebreos 6:11, 12 Isaías 64:7 2 Pedro 1:3, 5, 10, 11 2 Timoteo 1:6 Hechos 26:6, 7 Judas 20, 21 15 Levíticos 17:10 Nehemías 13:22 Job 9:2, 3 Gálatas 5:17 16 Romanos 3:20 y 4:2, 4, 6 Efesios 2:8, 9 Salmo 16:2 Tito 3:5-7 17 Levíticos 17:10 18 Gálatas 5:22, 23 19 Isaías 64:6 Salmo 143:2 y 130:3 Gálatas 5:17 Romanos 7:15, 18 20 Efesios 1:6 1 Pedro 2:5 Éxodo 28:38 Génesis 4:4 con Hechos 11:4 21 Job 9:20 Salmo 143:2 22 2 Corintios 8:12 Hechos 13:20, 32 y 6:10 Mateo 25:21, 23 23 2 Reyes 10:30 1 Reyes 21:27, 29 Filipenses 1:15, 16 ,18 24 Hechos 11:4, 6 comparen con Génesis 4:3-5 25 1 Corintios 13:3 Isaías 1:12 26 Mateo 6:2, 5, 16 27 Hageo 2:14 Tito 1:15 y 3:5 Amos 5:21, 22 Oseas 1:4 Romanos 9:16 28 Salmo 14:4 y 36:3 Job 21:14, 15 Mateo 25:41-43, 45 y 23:23

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Capítulo 17 De la Perseverancia de los Santos

1. Aquellos a quienes Dios ha aceptado en su Amado, han sido llamados eficazmente y santificados por su Espíritu, no pueden caer ni total ni definitivamente del estado de gracia, sino que ciertamente han de perseverar en Él hasta el fin, y serán salvados eternamente1.

2. Esta perseverancia de los santos depende, no de su propio libre albedrío, sino de la inmutabilidad del decreto de elección, que fluye del amor gratuito e inmutable de Dios el Padre2; de la eficacia del mérito y de la intercesión de Jesucristo3; de la morada del Espíritu, y de la simiente de Dios que está en los santos4; y de la naturaleza del pacto de gracia5, de todo lo cual surge también la certeza y la infalibilidad de la perseverancia6.

3. No obstante esto, es posible que los creyentes, por las tentaciones de Satanás y del mundo, por el predominio de la corrupción que queda en ellos, y por el descuido de los medios para su preservación, caigan en pecados graves7; y por algún tiempo permanezcan en ellos8; por lo cual atraerán el desagrado de Dios9; contristarán a su Espíritu Santo10; se verán excluidos en alguna medida de sus gracias y consuelos11; tendrán sus corazones endurecidos12; sus conciencias heridas13; lastimarán y escandalizarán a otros14, y atraerán sobre sí juicios temporales15.

1 Filipenses 1:6 2 Pedro 1:10 Juan 10:28, 29 1 Juan 3:9 1 Pedro 1:5, 9 2 2 Timoteo 2:18, 19 Jeremías 31:3 3 Hechos 10:10, 14 13:20, 21 7:25 y 9:12-15 Juan 17:11, 24 Romanos 8:33-39 Levíticos 22:32 4 Juan 14:16, 17 1 Juan 2:27 y 3:9 5 Jeremías 32:40 6 2 Tesalonicenses 3:3 1 Juan 2:19 Juan 10:28 7 Mateo 26:70, 72, 74 8 Salmo 51:14 9 Isaías 64:5, 7, 9 2 Samuel 11:27 10 Efesios 4:30 11 Salmo 51:8, 10, 12 Apocalipsis 2:4 Cantares 5:2, 3, 4, 6 12 Marcos 6:52 y 16:14 Isaías 63:17 13 Salmo 32:3, 4 y 51:8 14 2 Samuel 12:14 15 Salmo 89:32 1 Corintios 11:32

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Capítulo 18 De la Seguridad de la Gracia y de la Salvación

1. Aunque los hipócritas y otros hombres no regenerados pueden vanamente engañarse a sí mismos con esperanzas falsas y presunciones carnales de estar en el favor de Dios y en estado de salvación1, esa esperanza perecerá2; pero los que creen verdaderamente en el Señor Jesús y le aman con sinceridad, esforzándose por andar con toda buena conciencia delante de Él, pueden en esta vida estar absolutamente seguros de que están en el estado de gracia3, pueden regocijarse en la esperanza de la gloria de Dios; y tal esperanza nunca les hará avergonzarse4.

2. Esta seguridad no es una mera persuasión presuntuosa y probable, fundada en una esperanza falible5, sino que es una seguridad infalible de fe basada en la verdad divina de las promesas de salvación6, en la evidencia interna de aquellas gracias a las cuales se refieren las promesas7, y en el testimonio del Espíritu de adopción testificando a nuestro espíritu que somos hijos de Dios8. Este Espíritu es la garantía de nuestra herencia y por Él somos sellados hasta el día de la redención9.

3. Esta seguridad infalible no corresponde completamente a la esencia de la fe, de modo que un verdadero creyente puede esperar mucho tiempo y luchar con muchas dificultades antes de ser participante de tal seguridad10; sin embargo, estando capacitado por el Espíritu Santo para conocer las cosas que le son dadas gratuitamente por Dios, puede alcanzarlas sin una revelación extraordinaria por el uso correcto de los medios ordinarios11; y por eso es el deber de cada uno ser diligente para asegurar su llamamiento y elección12; para que su corazón se ensanche en la paz y en el gozo del Espíritu Santo, en amor y gratitud a Dios, y en la fuerza y alegría de los deberes de la obediencia, que son los frutos propios de esta seguridad13. Y así, esta seguridad está muy lejos de inducir a los hombres a la negligencia14.

4. La seguridad de la salvación de los verdaderos creyentes puede ser, de diversas maneras, zarandeada, disminuida e interrumpida, por la negligencia en conservarla, por caer en algún pecado concreto que hiera la conciencia y contriste el Espíritu, por alguna tentación repentina o muy intensa, por retirarles Dios la luz de su rostro, permitiendo, aun a los que le temen15, que caminen en tinieblas y no tengan luz. Sin embargo, nunca quedan totalmente destituidos de aquella simiente de Dios, y de la vida de fe, de aquel amor de Cristo y de los hermanos, de aquella sinceridad de corazón y conciencia de deber. Por lo cual, mediante la operación del Espíritu, esta seguridad puede ser revivida en su debido tiempo16; y así, mientras tanto, los verdaderos creyentes son sostenidos para no caer en total desesperación17.

1 Job 8:13, 14 Miqueas 3:11 Deuteronomio 29:19 Juan 8:41 2 Mateo 7:22, 23 3 1 Juan 2:3 5:13 y 3:14, 18, 19, 21, 24 4 Romanos 5:2, 5 5 Hechos 6:11, 19 6 Hechos 6:17, 18 7 2 Pedro 1:4, 5, 10, 11 1 Juan 2:3 3:14 2 Corintios 1:12 8 Romanos 8:15, 16 9 Efesios 1:13, 14 Efesios 4:30 2 Corintios 1:21, 22 10 Isaías 50:10 1 Juan 5:13 Marcos 9:24 Salmo 88 y 77:1-12 11 1 Corintios 2:12 1 Juan 4:13 Hechos 6:11, 12 Efesios 3:17, 19 12 2 Pedro 1:10 13 Romanos 5:1, 2, 5 14:17, 15:13 Salmo 119:32 y 4:6, 7 Efesios 1:3, 4 14 1 Juan 2:1, 2 Romanos 6:1, 2 Tito 2:11, 12, 14 2 Corintios 7:1 Romanos 8:1, 12 1 Juan 3:2, 3 Salmo 130:4 1 Juan 1:6, 7 15 Cantares 5:2, 3, 6 Salmo 51:8, 12, 14 Efesios 4:30, 31 Salmo 77:1-10 Mateo 26:69-72 Salmo 31:22 y 88 Isaías 50:10 16 1 Juan 3:9 Job 13:15 Levíticos 22:32 Salmo 73:15 y 51:8, 12 Isaías 50:10 17 Miqueas 7:7-9 Jeremías 32:40 Isaías 54:7-10 Salmo 22:1 y Salmo 88

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Capítulo 19 De la Ley de Dios

1. Dios dio a Adán una ley como un pacto de obras, por la cual le obligó, a él y a toda su posteridad, a una obediencia personal, completa, exacta y perpetua; le prometió la vida por el cumplimiento de esa ley, y le amenazó con la muerte si la infringía; dándole además el poder y la capacidad para guardarla1.

2. Esta ley, después de la caída de Adán, continuaba siendo una regla perfecta de rectitud; y como tal fue dada por Dios en el monte Sinaí, en diez mandamientos, y escrita en dos tablas2; los cuatro primeros mandamientos contienen nuestros deberes para con Dios, y los otros seis, nuestros deberes para con los hombres3.

3. Además de esta ley, comúnmente llamada ley moral, agradó a Dios dar al pueblo de Israel, como iglesia menor de edad, leyes ceremoniales que contenían varias ordenanzas típicas; en parte de adoración, prefigurando a Cristo, sus gracias, acciones, sufrimientos y beneficios4; y en parte expresando diversas instrucciones sobre los deberes morales5. Todas aquellas leyes ceremoniales están abrogadas ahora bajo el Nuevo Testamento6.

4. A los Israelitas, en cuanto cuerpo político, también les dio leyes judiciales, que expiraron juntamente con el estado político de aquel pueblo, por lo que ahora no obligan a los otros pueblos sin en lo que la justicia general de ellas lo requiera7.

5. La ley moral obliga por siempre a todos, tanto a los justificados, como a los que no lo están, a que se la obedezca8; y esto no sólo en consideración a la naturaleza de ella, sino también con respecto a la autoridad de Dios, el Creador, quien la dio9. Cristo, en el evangelio, en ninguna manera abroga esta ley, sino que refuerza nuestra obligación de cumplirla10.

6. Aunque los verdaderos creyentes no están bajo la ley en cuanto el pacto de obras para ser justificados o condenados11, sin embargo, ésta es de gran utilidad tanto para ellos como para otros, ya que como regla de vida les informa de la voluntad de Dios y de sus deberes, les dirige y obliga a andar en conformidad con ella12, les descubre también la pecaminosa contaminación de su naturaleza, corazón y vida13; de tal manera, que cuando ellos se examinan ante ella, puedan llegar a una convicción más profunda de su pecado, a sentir humillación por él y aborrecimiento de él14; junto con una visión más clara de la necesidad que tienen de Cristo, y de la perfección de su obediencia15. También la ley moral es útil para los regenerados a fin de restringir su corrupción, puesto que prohíbe el pecado16, y sus amenazas sirven para mostrar lo que merecen aún sus pecados, y las aflicciones que pueden esperar por ellos en esta vida, aun cuando estén libres de la maldición con que amenaza la ley17. Sus promesas, de un modo semejante, manifiestan a los regenerados que Dios aprueba la obediencia, y cuáles son las bendiciones que deben esperar por el cumplimiento de la misma18; aunque no como si la ley se lo debiera, a modo de un pacto de obras19; de manera que si alguien hace lo bueno y deja de hacer lo malo porque la ley le mande lo uno y le prohíbe lo otro, no por ello se demuestra que esté bajo la ley y no bajo la gracia20.

7. Los usos de la ley ya mencionados no son contrarios a la gracia del evangelio, sino que concuerdan armoniosamente con él21; pues el Espíritu de Cristo subyuga y capacita la voluntad del hombre para que haga alegre y voluntariamente lo que requiere la voluntad de Dios, revelada en la ley22.

1 Génesis 1:26, 27 2:17 Romanos 2:14, 15 10:5 5:12, 19 Gálatas 3:10, 12 Eclesiastés 7:29 Job 28:28 2 Santiago 1:25 2:8, 10-12 Romanos 13:8, 9 Deuteronomio 5:32 y 10:4 Éxodo 34:1 3 Mateo 22:37-40 4 Hebreos 10:1 Gálatas 4:1-3 Colosenses 2:17 Hebreos 9 5 1 Corintios 5:7 2 Corintios 6:17 Judas 23 6 Colosenses 2:14, 16, 17 Daniel 9:27 Efesios 2:15, 16 7 Éxodo 21 y 22:1-29 Génesis 49:10 comparado con 1 Pedro 2:13, 14 Mateo 5:17 con 38, 39 1 Corintios 9:8-10 8 Romanos 13:8-10 Efesios 6:2 1 Juan 2:3, 4, 7, 8 9 Santiago 2:10, 11 10 Mateo 5:17, 19 Santiago 2:8 Romanos 3:31 11 Romanos 6:14 y 8:1 Gálatas 2:16 3:13 4:4, 5 Hechos 13:39 12 Romanos 7:12, 22, 25 Salmo 119:4-6 1 Corintios 7:19 Gálatas 5:14, 16, 18-23 13 Romanos 7:7 y 3:20 14 Romanos 7:9, 14, 24 Santiago 1:23-25 15 Gálatas 3:24 Romanos 8:3, 4 y 7:24 16 Santiago 2:11 Salmo 119:101, 104, 128 17 Esdras 9:13, 14 Salmo 89:30-34 18 Salmo 37:11 y 19:11 Levíticos 26:1-14 con 2 Corintios 6:16 Efesios 6:2, 3 Mateo 5:5 19 Gálatas 2:16 Levíticos 17:10 20 Romanos 6:12, 14 Hechos 12:28, 29 1 Pedro 3:8-12 Salmo 34:12-16 21 Gálatas 3:21 22 Ezequiel 36:27 Hechos 8:10 Jeremías 31:33

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Capítulo 20 De la Libertad Cristiana y de la Libertad de Conciencia

1. La libertad que Cristo ha comprado para los creyentes, que están bajo la autoridad del evangelio, consiste en verse libres de la culpa del pecado, de la ira condenatoria de Dios, y de la maldición de la ley moral1; y en ser librados de este presente siglo malo, de la servidumbre de Satanás y del dominio del pecado2; del mal de la aflicciones, del aguijón de la muerte, de la victoria del sepulcro y de la condenación eterna3; e igualmente consisten en su libre acceso a Dios4, y en rendirle obediencia, no por temor servil, sino con un amor filial y con una mente sometida5. Todo esto era común también a los creyentes que estaban sometidos a la ley6, si bien, en el Nuevo Testamento la libertad de los cristianos se ensancha mucho más porque están libre del yugo de la ley ceremonial a que estaba sujeta la iglesia judaica7, y tienen ahora mayor confianza para acercarse al trono de la gracia8, y mayores participaciones del libre Espíritu de Dios, que las que tuvieron los creyentes que estaban bajo la ley9.

2. Sólo Dios es el Señor de la conciencia10, y la ha dejado libre de los mandamientos y doctrinas de hombres que sean en alguna forma contrarios a su Palabra, o estén al margen de ella en asuntos de fe o de adoración11. Así que creer tales doctrinas u obedecer tales mandamientos por causa, es traicionar la verdadera libertad de conciencia12; y el requerir una fe implícita y una obediencia ciega y absoluta, es destruir la libertad de conciencia y también la razón13.

3. Aquellos que bajo el pretexto de la libertad cristiana practican algún pecado o abrigan alguna concupiscencia, destruyen por esto el propósito de la libertad cristiana, que consiste en que siendo librados de las manos de nuestros enemigos, podamos servir al Señor sin temor, en santidad y justicia delante de Él, todos los días de nuestra vida14.

4. Y puesto que los poderes que Dios ha ordenado y la libertad que Cristo ha comprado, no han sido destinados por Dios para destruirse, sino para preservarse y sostenerse mutuamente uno al otro, los que bajo el pretexto de la libertad cristiana quieran oponerse a cualquier poder legal, o a su lícito ejercicio, sea civil o eclesiástico, resisten al la ordenanza de Dios15. A quienes publican tales opiniones, o mantienen tales prácticas, que son contrarias a la luz de la naturaleza, o a los principios conocidos del cristianismo, ya sea que se refieran a la fe, a la adoración o a la conducta, o al poder de la santidad, o a tales opiniones o prácticas erróneas, ya sea en su propia naturaleza o en la manera en que las publican o las sostienen, y son destructivas para la paz eterna y el orden que Cristo ha establecido en la iglesia, se les puede llamar legalmente a cuentas y se les puede procesar por la disciplina de la iglesia16, y por el poder de los gobernantes civiles17.

1 Tito 2:14 1 Tesalonicenses 1:10 Gálatas 3:13 2 Gálatas 1:4 Hechos 26:18 Colosenses 1:13 Romanos 6:14 3 Salmo 119:71 1 Corintios 15:54-57 Romanos 8:1, 28 4 Romanos 5:1, 2 5 Romanos 8:14, 15 1 Juan 4:18 6 Gálatas 3:9, 14 7 Gálatas 4:1-3, 6, 7 5:1 Hechos 15:10, 11 8 Hechos 4:14, 16 Hebreos 10:19-22 9 Juan 7:38, 39 2 Corintios 3:13, 17, 18 10 Santiago 4:12 Romanos 14:4 11 Hechos 4:19 5:29 1 Corintios 7:23 Mateo 23:8-10 2 Corintios 1:24 Mateo 15:9 12 Colosenses 2:20, 22, 23 Gálatas 1:10 2:4, 5 5:1 13 Romanos 10:17 14:23 Isaías 8:20 Hechos 17:11 Juan 4:22 Oseas 5:11 Apocalipsis 13:12, 16, 17 Jeremías 8:9 14 Gálatas 5:13 1 Pedro 2:16 2 Pedro 2:19 Juan 8:34 Lucas 1:74, 75 15 Mateo 12:25 1 Pedro 2:13, 14, 16 Romanos 13:1-8 Hebreos 13:17 16 Romanos 1:32 1 Corintios 5:1, 5, 11, 13 2 Juan 10, 11 2 Tesalonicenses 3:14 y 1 Timoteo 6:3-5 Tito 1:10, 11, 13 3:10 con Mateo 18:15-17 1 Timoteo 1:19, 20 Apocalipsis 2:2, 14, 15, 20 3:9 17 Deuteronomio 13:6-12 Romanos 13:3, 4 2 Juan 10, 11 Esdras 7:23, 25-28 Apocalipsis 17:12, 16, 17 Nehemías 13:15, 17, 21, 22, 25, 30 2 Reyes 23:5, 6, 9, 20, 21 2 Crónicas 34:33 15:12, 13, 16 Daniel 3:29 1 Timoteo 2:2 Isaías 49:23 Zacarías 13:2, 3

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Capítulo 21 De la Adoración Religiosa y del Día de Reposo

1. La luz de la naturaleza muestra que hay un Dios que tiene señorío y soberanía sobre todo; es bueno y hace bien a todos; y que, por tanto, debe ser temido, amado, alabado, invocado, creído y servido con toda el alma, con todo el corazón y con todas las fuerzas1. Pero el modo aceptable de adorar al verdadero Dios es instituido por Él mismo, y está tan limitado por su propia voluntad revelada, que no se debe adorar a Dios conforme a las imaginaciones e invenciones de los hombres o las sugerencias de Satanás, bajo ninguna representación visible o en ningún otro modo no prescrito en las Santas Escrituras2.

2. La adoración religiosa ha de darse a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y a Él solamente3; no a los ángeles, ni a los santos, ni a ninguna otra criatura4; y desde la caída, no sin algún Mediador, y no por la mediación de algún otro, sino solamente de Cristo5.

3. Siendo la oración, con acción de gracias, una parte especial de la adoración religiosa6, Dios la exige de todos los hombres7; y para que pueda ser aceptada debe hacerse en el nombre del Hijo8, con la ayuda del Espíritu9, conforme a su voluntad10, con entendimiento, reverencia, humildad, fervor, fe, amor y perseverancia11; y si se hace oralmente, en una lengua conocida12.

4. La oración ha de hacerse por cosas lícitas13, y a favor de toda clase de personas vivas, o que vivirán más adelante14; pero no a favor de los muertos15 ni de aquellos de quienes se pueda saber que hayan cometido el pecado de muerte16.

5. La lectura de las Escrituras con temor reverencial17; la sólida predicación18, y el escuchar conscientemente la Palabra, en obediencia a Dios, con entendimiento, fe y reverencia19; el cantar salmos con gracia en el corazón20, y también la debida administración y la recepción digna de los sacramentos instituidos por Cristo, son partes de la adoración religiosa regular a Dios21; y además, los juramentos religiosos22, los votos23, los ayunos solemnes24, y las acciones de gracias en ocasiones especiales25, han de usarse, en sus tiempos respectivos, de una manera santa y religiosa26.

6. Ahora, en el evangelio, ni la oración ni ninguna otra parte de la adoración religiosa están limitadas a un lugar, ni son más aceptables por el lugar en que se realizan, o hacia el cual se dirigen27; sino que Dios ha de ser adorado en todas partes28 en espíritu y en verdad29; tanto en lo privado en las familias30 diariamente31, y en secreto cada uno por sí mismo32; así como de una manera más solemne en las reuniones públicas, las cuales no han de descuidarse ni abandonarse voluntariamente o por negligencia, cuando Dios por su Palabra y providencia nos llama a ellas33.

7. Así como es ley de la naturaleza que, en general, una proporción debida de tiempo se dedique a la adoración de Dios, así también en su Palabra, por un mandamiento positivo, moral y perpetuo que obliga a todos los hombres en todos los tiempos, Dios ha señalado particularmente un día de cada siete, para que sea guardado como un reposo santo para Él34; y desde el principio del mundo hasta la resurrección de Cristo, este día fue el último de la semana; y desde la resurrección de Cristo fue cambiado al primer día de la semana35, que en las Escrituras recibe el nombre de «día del Señor»36 y debe ser perpetuado hasta el fin del mundo como el día del reposo cristiano37.

8. Este día de reposo se guarda santo para el Señor cuando los hombres, después de la debida preparación de su corazón y arreglados con anticipación todos sus asuntos ordinarios, no solamente guardan un santo descanso durante todo el día, de sus propias labores, palabras y pensamientos, acerca de sus empleos y diversiones mundanas38, sino que también dedican todo el tiempo al ejercicio de la adoración pública y privada, y en los deberes de caridad y de misericordia39.

1 Romanos 1:20 Hechos 17:24 Salmo 119:68 Jeremías 10:7 Salmo 31:23 18:3 Romanos 10:12 Salmo 62:8 Josué 24:14 Marcos 12:33 2 Deuteronomio 12:32 Mateo 15:9 Hechos 17:25 Mateo 4:9, 10 Deuteronomio 4:15-20 Éxodo 20:4-6 Colosenses 2:23 3 Mateo 4:10 Juan 5:23 2 Corintios 13:14 4 Colosenses 2:18 Apocalipsis 19:10 Romanos 1:25 5 Juan 14:6 1 Timoteo 2:5 Efesios 2:18 Colosenses 3:17 6 Filipenses 4:6 7 Salmo 65:2 8 Juan 14:13, 14 1 Pedro 2:5 9 Romanos 8:26 10 1 Juan 5:14 11 Salmo 47:7 Eclesiastés 5:1, 2 Hebreos 12:28 Génesis 18:27 Santiago 1:6, 7 5:16 Marcos 11:24 Mateo 6:12, 14, 15 Colosenses 4:2 Efesios 6:18 12 1 Corintios 14:14 13 1 Juan 5:14 14 1 Timoteo 2:1, 2 Juan 17:20 2 Samuel 7:29 Rut 4:12 15 2 Samuel 12:21-23 Levíticos 16:25, 26 Apocalipsis 14:13 16 1 Juan 5:16 17 Hechos 15:21 Apocalipsis 1:3 18 2 Timoteo 4:2 19 Santiago 1:22 Hechos 10:33 Hebreos 4:2 Mateo 13:19 Isaías 66:2 20 Colosenses 3:16 Efesios 5:19 Santiago 5:13 21 Mateo 28:19 Hechos 2:42 1 Corintios 11:23-29 22 Deuteronomio 6:13 Nehemías 10:29 23 Eclesiastés 5:4, 5 Isaías 19:21 24 Joel 2:12 Mateo 9:15 1 Corintios 7:5 Ester 4:16 25 Salmo 107 Ester 9:22 26 Hebreos 12:28 27 Juan 4:21 28 Malaquías 1:11 1 Timoteo 2:8 29 Juan 4:23, 24 30 Jeremías 10:25 Deuteronomio 6:6, 7 Job 1:5 2 Samuel 6:18-20 1 Pedro 3:7 Hechos 10:2 31 Mateo 6:11 32 Mateo 6:6 Efesios 6:18 33 Isaías 56:6, 7 Hebreos 10:25 Proverbios 1:20, 21, 24 8:34 Hechos 13:42 Lucas 4:16 Hechos 2:42 34 Éxodo 20:8, 10, 11 Isaías 56:2, 4, 6, 7 35 Génesis 2:2, 3 1 Corintios 16:1, 2 Hechos 20:7 36 Apocalipsis 1:10 37 Éxodo 20:8, 10 Mateo 5:17, 18 38 Éxodo 20:8 16:23, 25, 26, 29, 30 31:15-17 Isaías 58:13 Nehemías 13:15-19, 21, 22 39 Isaías 58:13 Mateo 12:1-13

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Capítulo 22 De los Juramentos y de los Votos Lícitos

1. Un juramento lícito es una parte de la adoración religiosa1 mediante el cual, una persona, en ocasión debida, al jurar solemnemente, pone a Dios como testigo de lo que afirma o promete, y se somete a que se la juzgue a la verdad o a la falsedad de lo que jura2.

2. Sólo se debe jurar por el nombre de Dios, usándolo con santo temor y reverencia3; y por consiguiente, el jurar de modo vano o temerario por ese nombre glorioso y terrible, o simplemente el jurar por cualquier otra cosa, es pecaminoso y debe aborrecerse4. Sin embargo, como en asuntos de pero y de importancia, el juramento está justificado por la Palabra de Dios, tanto en el Nuevo Testamento como en el Antiguo5, por eso, cuando una autoridad legítima exija un juramento legal para tales asuntos, este juramento debe hacerse6.

3. Todo aquel que hace un juramento debe considerar seriamente la gravedad de un acto tan solemne, y por lo tanto no afirmar sino aquello de lo cual está plenamente persuadido de que es la verdad7. Y tampoco puede ningún hombre obligarse por un juramento a cosa alguna, excepto a lo que es bueno y justo, y a lo que cree que lo es, y a lo que es capaz y está dispuesto a cumplir8. Sin embargo, es pecado rehusar el juramento tocante a una cosa que sea buena y justa, cuando sea exigido por una autoridad legítima9.

4. El juramento debe hacerse en el sentido claro y común de las palabras, sin equívocos o reservas mentales10. Tal juramento no puede obligar a pecar; pero en todo aquello que no sea pecaminoso, una vez hecho, es de obligado cumplimiento, aun cuando sea en el propio daño del que lo hizo11, y no debe violarse porque se haya hecho a herejes o a incrédulos12.

5. El voto es de naturaleza semejante a la del juramento promisorio, y debe hacerse con el mismo cuidado religioso y cumplirse con la misma fidelidad que éste13.

6. El voto no debe hacerse a ninguna criatura, sino sólo a Dios14, y para que sea acepto ha de hacerse voluntariamente, con fe y conciencia del deber, como muestra de gratitud por la misericordia recibida, o bien para obtener lo que queremos; y por él nos obligamos a cumplir más estrictamente nuestros deberes necesarios u otras cosas, en cuanto puedan ayudarnos adecuadamente al cumplimiento de las mismas15.

7. Nadie puede hacer un voto para realizar una cosa prohibida por la Palabra de Dios, o que impida el cumplimiento de algún deber ordenado en ella; ni puede obligarse a lo que no está en su capacidad, y para cuya ejecución no tenga ninguna promesa de ayuda de parte de Dios16. A tales respectos, los votos monásticos de los papistas de celibato perpetuo, de pobreza y de obediencia a las reglas eclesiásticas, están tan lejos de ser grados de perfección superior, que no son sino supersticiones y trampas pecaminosas en las que ningún cristiano debe enredarse17.

1 Deuteronomio 10:20 2 Éxodo 20:7 Levíticos 19:12 2 Corintios 1:23 2 Crónicas 6:22, 23 3 Deuteronomio 6:13 4 Jeremías 5:7 Santiago 5:12 Éxodo 20:7 Mateo 5:34, 37 5 Hebreos 6:16 Isaías 65:16 2 Corintios 1:23 6 1 Reyes 8:31 Esdras 10:5 Nehemías 13:25 7 Jeremías 4:2 Éxodo 20:7 8 Génesis 24:2, 3, 5, 6, 8, 9 9 Números 5:19, 21 Nehemías 5:12 Éxodo 22:7-11 10 Salmo 24:4 Jeremías 4:2 11 1 Samuel 25:22, 32-34 Salmo 15:4 12 Ezequiel 17:16, 18, 19 Josué 9:18, 19 con 2 Samuel 21:1 13 Isaías 19:21 Eclesiastés 5:4-6 Salmo 61:8 66:13, 14 14 Salmo 76:11 Jeremías 44:25, 26 15 Deuteronomio 23:21-23 Salmo 50:14 Génesis 28:20-22 1 Samuel 132:2-5 66:13-14 16 Hechos 23:12, 14 Marcos 6:26 Números 30:5, 8, 12 y 13 17 Mateo 19:11, 12 1 Corintios 7:2, 9 7:23 Efesios 4:28 1 Pedro 4:2

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Capítulo 23 De los Gobernantes Civiles

1. Dios, el supremo Señor y Rey de todo el mundo, ha instituido gobernantes civiles que deben estarle sujetos, para gobernar al pueblo para la gloria de Dios y el bien público; y con este fin les ha armado con el poder de la espada, para la defensa y aliento de los buenos, y para el castigo de los malhechores1.

2. Es lícito para los cristianos aceptar y desempeñar el cargo de gobernante cuando sean llamados para ello2; y en el desempeño de ese cargo deben mantener especialmente la piedad, la justicia y la paz, según las sanas leyes de cada Estado3, y así, con ese propósito, en la Era del Nuevo Testamento, pueden lícitamente hacer la guerra en ocasiones justas y necesarias4.

3. Los gobernantes civiles no pueden tomar para él la administración de la Palabra y de los sacramentos, o el poder de las llaves del Reino de los Cielos5, y sin embargo tienen autoridad y es su deber hacer lo necesario para que la paz y la unidad sean mantenidas en la iglesia, para que la verdad de Dios se mantenga pura y entera, para que todas las blasfemias y herejías sean suprimidas, todas las corrupciones y abusos en la adoración y la disciplina sean impedidas o sean reformadas, y todas las ordenanzas de Dios sean debidamente establecidas, administradas y cumplidas6. Y para el mejor cumplimiento de todo ello tienen la potestad de convocar Sínodos, estar presentes en ellos y asegurar que cuanto en ellos se decida sea de acuerdo con la mente de Dios7.

4. Es deber del pueblo orar por los magistrado8, honrar sus personas9, pagarles tributos y otros derechos10, obedecer sus mandamientos legales y estar sujetos a su autoridad por causa de la conciencia11. La infidelidad o la diferencia de religión no invalida la autoridad legal y justa del magistrado, ni exime al pueblo de la debida obediencia a él12; de la cual las personas eclesiásticas no están exentas13; y mucho menos tiene el Papa algún poder o jurisdicción sobre los magistrados en sus dominios, ni sobre alguno de los de su pueblo; y aún menos tiene poder para quitarles sus propiedades o la vida, si les juzgare herejes, o por cualquier otro pretexto14.

1 Romanos 13:1-4 1 Pedro 2:13, 14 2 Proverbios 8:15, 16 Romanos 13:1, 2, 4 3 Salmo 2:10-12 1 Timoteo 2:2 Salmo 82:3,4 2 Samuel 23:3 1 Pedro 2:13 4 Lucas 3:14 Mateo 8:9, 10 Hechos 10:1, 2 Romanos 13:4 Apocalipsis 17:14, 16 5 2 Crónicas 26:18 Mateo 18:17 y 16:19 1 Corintios 12:28, 29 Efesios 4:11, 12 1 Corintios 4:1, 2 Romanos 10:15 Hebreos 5:4 6 Isaías 49:23 Salmo 122:9 Esdras 7:23, 25-28 Levíticos 24:16 Deuteronomio 13:5, 6, 12 2 Reyes 18:4 1 Crónicas 13:1-9 2 Reyes 23:1-26 2 Crónicas 34:33 2 Crónicas 15:12 7 2 Crónicas 19:8-11 2 Crónicas 29 y 30 Mateo 2:4, 5 8 1 Timoteo 2:1, 2 9 1 Pedro 2:17 10 Romanos 13:6, 7 11 Romanos 13:5 Tito 3:1 12 1 Pedro 2:13, 14, 16 13 Romanos 13:1 1 Reyes 2:35 Hechos 25:9-11 2 Pedro 2:1, 10, 11 Judas 8-11 14 2 Tesalonicenses 2:4 Apocalipsis 13:15-17

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Capítulo 24 Del Matrimonio y del Divorcio

1. El matrimonio ha de ser entre un hombre y una mujer; no es lícito para ningún hombre tener más de una esposa, ni para ninguna mujer tener más de un marido, al mismo tiempo1.

2. El matrimonio fue instituido para la mutua ayuda de esposo y esposa2; para multiplicar el género humano por generación legítima, y la iglesia con una simiente santa3, y para prevenir la impureza4.

3. Es lícito para toda clase de personas casarse con quien sea capaz de dar su consentimiento con juicio5; sin embargo, es deber de los cristianos casarse solamente en el Señor6. Y por lo tanto, los que profesan la verdadera religión reformada no deben casarse con los incrédulos, papistas u otros idólatras; ni deben, los que son piadosos, unirse en yugo desigual, casándose con los que notoriamente son perversos en sus vidas sostienen herejías detestables7.

4. El matrimonio no debe contraerse dentro de los grados de consanguinidad o afinidad prohibidos en la Palabra de Dios8, ni pueden tales matrimonios incestuosos legalizarse por ninguna ley de hombre, ni por el consentimiento de las partes, de tal manera que esas personas puedan vivir juntas como marido y mujer9. El hombre no puede casarse con ninguna familiar cercana en sangre de su esposa que él puede de su propio; ni la mujer de los familiares de su esposo cercano en sangre como de la suya10.

5. El adulterio o la fornicación cometidos después del compromiso, si son descubiertos antes del matrimonio, dan ocasión justa a la parte inocente para anular aquel compromiso11. En caso de adulterio después del matrimonio, es lícito para la parte inocente promover su divorcio12, y después de éste puede casarse con otra persona como si la parte ofensora hubiera muerto13.

6. Aunque la corrupción del hombre sea tal que la haga estudiar argumentos para separar indebidamente lo que Dios ha unido en matrimonio, nada excepto el adulterio o la deserción obstinada que no puede ser remedida ni por la iglesia ni por el magisterio civil, es causa suficiente para disolver los lazos del matrimonio14. Llegado ese caso, debe observarse un procedimiento público y ordenado, y las personas involucradas en él no deben ser dejadas a su propia voluntad y discreción en ese conflicto15.

1 Génesis 2:24 Mateo 19:5, 6 Proverbios 2:17 2 Génesis 2:18 3 Malaquias 2:15 4 1 Corintios 7:2, 9 5 Hebreos 13:4 1 Timoteo 4:3 Génesis 24:57, 58 1 Corintios 7:36-38 6 1 Corintios 7:39 7 Génesis 34:14 Éxodo 34:16 Deuteronomio 7:3, 4 1 Reyes 11:4 Nehemías 13:25-27 Malaquias 2:11, 12 2 Corintios 6:14 8 Levíticos 18 1 Corintios 5:1 Amos 2:7 9 Marcos 6:18 Levíticos 18:24-28 10 Levíticos 20:19-21 11 Mateo 1:18-20 12 Mateo 5:31, 32 13 Mateo 19:9 Romanos 7:2, 3 14 Mateo 19:8, 9 1 Corintios 7:15 Mateo 19:6 15 Deuteronomio 24:1-4

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Capítulo 25 De la Iglesia

1. La iglesia católica o universal, que es invisible, se compone del número completo de los elegidos que han sido, son o serán reunidos en uno, bajo Cristo, su cabeza; y es la esposa, el cuerpo, la plenitud de Aquel que llena todo en todos1.

2. La iglesia visible, que bajo el evangelio también es católica o universal (no está limitada a una nación como anteriormente en el tiempo de la ley), se compone de todos aquellos que en todo el mundo profesan la religión verdadera2, juntamente con sus hijos3, y es el reino del Señor Jesucristo4, la casa y familia de Dios, fuera de la cual no hay posibilidad ordinaria de salvación5.

3. A esta iglesia católica visible ha dado Cristo el ministerio, los oráculos y los sacramentos de Dios, para reunir y perfeccionar a los santos en esta vida y hasta el fin del mundo; y por su propia presencia y espíritu, de acuerdo con su promesa, los hace eficientes para ello6.

4. Esta iglesia católica ha sido más visible en unos tiempos que en otros7; y las iglesias específicas que son parte de ella son más puras o menos puras, según se enseñe y abrace la doctrina del evangelio, se administren los sacramentos y se celebre con mayor o menor pureza el culto público en ellas8.

5. Las más puras iglesias existentes bajo el cielo, están expuestas tanto a la impureza como al error9, y algunas han degenerado tanto que han llegado a ser, no iglesias de Cristo, sino sinagogas de Satanás10. Sin embargo, siempre habrá una iglesia en la tierra para adorar a Dios conforme a su voluntad11.

6. No hay más cabeza de la iglesia que el Señor Jesucristo12; y no puede en ningún sentido el Papa de Roma ser cabeza de ella; ya que es aquel Anticristo, aquel hombre de pecado e hijo de perdición que se exalta en la iglesia contra Cristo y contra todo lo que se llama Dios13.

1 Efesios 1:10, 22, 23 5:23, 27 , 32 Colosenses 1:18 2 1 Corintios 1:2 12:12, 13 Salmo 2:8 Apocalipsis 7:9 Romanos 15:9-12 3 1 Corintios 7:14 Hechos 2:39 Ezequiel 16:20-21 Romanos 11:16 Génesis 3:15 17:7 4 Mateo 13:47 Isaías 9:7 5 Hechos 2:47 6 1 Corintios 12:28 Efesios 4:11-13 Isaías 59:21 Mateo 28:19, 20 7 Romanos 11:3, 4 Apocalipsis 12:6, 14 8 1 Corintios 5:6, 7 Apocalipsis 2 y 3 9 1 Corintios 13:12 Mateo 13:24-30, 47 Apocalipsis 2 y 3 10 Apocalipsis 18:2 Romanos 11:18-22 11 Mateo 16:18 28:19-20 Salmo 72:17 102:28 12] Colosenses 1:18 Efesios 1:22 13 Mateo 23:8-10 2 Tesalonicenses 2:3, 4, 8, 9 Apocalipsis 13:6

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Capítulo 26 De la Comunión de los Santos

1. Todos los santos, que están unidos a Jesucristo, su cabeza, por su espíritu y por la fe, tienen comunión con Él en sus gracias, sufrimientos, muerte, resurrección y gloria1. Y están unidos unos a otros en amor, tienen comunión en sus mutuos dones y gracias2; y están obligados al cumplimiento de tales deberes, públicos y privados, que conducen a su mutuo bien, tanto en el hombre interior como en el exterior3.

2. Los santos, en virtud de su profesión, están obligados a mantener una comunión y un compañerismo santos en la adoración a Dios, y a realizar los otros servicios espirituales que promueven su edificación mutua4; y también a socorrerse los unos a los otros en las cosas externas, de acuerdo con sus diferentes habilidades y necesidades. Esta comunión debe extenderse, según Dios presente la oportunidad, a todos aquellos que en todas partes invocan el nombre del Señor Jesús5.

3. Esta comunión que los santos tienen con Cristo, no les hace ninguna manera partícipes de la sustancia de la divinidad, ni ser iguales a Cristo en ningún respecto; el afirmar cualquiera de estas cosas sería impiedad y blasfemia6. Tampoco la mutua comunión como santos invalida o infringe el título o propiedad que cada hombre tiene sobre sus bienes y posesiones7.

1 1 Juan 1:3 Efesios 3:16-19 Juan 1:16 Efesios 2:5, 6 Filipenses 3:10 Romanos 6:5, 6 2 Timoteo 2:12 2 Efesios 4:15, 16 1 Corintios 12:7 3:21-23 Colosenses 2:19 3 1 Tesalonicenses 5:11, 14 Romanos 1:11, 12, 14 Gálatas 6:10 1 Juan 3:16-18 4 Hebreos 10:24, 25 Hechos 2:42, 46 Isaías 2:3 1 Corintios 11:20 5 Hechos 2:44, 45 1 Juan 3:17 Hechos 11:29, 30 2 Corintios 8:9 6 Isaías 42:8 Colosenses 1:18, 19 1 Corintios 8:6 Salmo 45:7 1 Timoteo 6:15, 16 Hebreos 1:8, 9 7 Hechos 5:4 Éxodo 20:15 Efesios 4:28

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Capítulo 27 De los Sacramentos

1. Los sacramentos son señales y sellos santos del pacto de gracia1, instituidos directamente por Dios2, para representar a Cristo y a sus beneficios, y para confirmar nuestra participación en Él3, y también para establecer una distinción visible entre aquellos que pertenecen a la iglesia y el resto del mundo4, y para comprometerles solemnemente al servicio de Dios en Cristo, conforme a su Palabra5.

2. Hay en cada sacramento una relación espiritual o unión sacramental entre la señal y la cosa significada; de donde llega a suceder que los nombres y efectos del uno se atribuyen al otro6.

3. La gracia se manifiesta en los sacramentos o por ellos, mediante su uso correcto; no se confiere por algún poder que haya en ellos; la eficacia del sacramento no depende de la piedad o intención del que lo administra7, sino de la obra del Espíritu8, y de la palabra de la institución; la cual contiene junto con un precepto que autoriza el uso del sacramento, una promesa de bendición para los que lo reciben dignamente9.

4. Sólo hay dos sacramentos instituidos por Cristo nuestro Señor en el evangelio; y son el Bautismo y la Cena del Señor; ninguno de los cuales debe ser administrado sino por un ministro de la Palabra legalmente ordenado10.

5. Los sacramentos del Antiguo Testamento, en lo que se refiere a las cosas espirituales significadas y manifestadas por ellos. Eran en sustancia los mismos del Nuevo11.

1 Romanos 4:11 Génesis 17:7, 10 2 Mateo 28:19 1 Corintios 11:23 3 1 Corintios 10:16 11:25, 26 Gálatas 3:27 4 Romanos 15:8 Éxodo 12:48 Génesis 34:14 5 Romanos 6:3, 4 1 Corintios 10:16, 21 6 Génesis 17:10 Mateo 26:27, 28 Tito 3:5 7 Romanos 2:28, 29 1 Pedro 3:21 8 Mateo 3:11 1 Corintios 12:13 9 Mateo 26:27, 28 28:19, 20 10 Mateo 28:19 1 Corintios 11:20, 23 4:1 Hebreos 5:4 11 1 Corintios 10:1-4

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Capítulo 28 Del Bautismo

1. El bautismo es un sacramento del Nuevo Testamento, instituido por Jesucristo1, no sólo para admitir solemnemente en la iglesia visible a la persona bautizada2, sino también para que sea para ella una señal y un sello del pacto de gracia3, de su injerto en Cristo4, de su regeneración5, de la remisión de sus pecados6, y de su entrega a Dios por Jesucristo, para andar en novedad de vida7. Este sacramento, por institución propia de Cristo debe continuarse en su iglesia hasta el fin del mundo8.

2. El elemento externo que ha de usarse en este sacramento es el agua, con la cual ha de ser bautizada la persona, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo9.

3. No es necesaria la inmersión de la persona en el agua; y el bautismo es correctamente administrado por la aspersión o efusión del agua sobre la persona10.

4. No sólo han de ser bautizados los que de hecho profesan fe en Cristo y obediencia a Él11, sino también los niños hijos de uno o de ambos padres creyentes12.

5. Aun cuando el menosprecio o descuido de este sacramento sea un gran pecado13, no obstante, la gracia y la salvación no están tan inseparablemente unidas a él que no pueda una persona ser regenerada o salvada sin el bautismo14, o que todos los que son bautizados sean indudablemente regenerados15.

6. La eficacia del bautismo no está ligada al preciso momento en que es administrado16; sin embargo, por el uso correcto de este sacramento, la gracia prometida no sólo se ofrece, sino que realmente se manifiesta y se otorga por el Espíritu Santo a aquellos (sean adultos o infantes) a quines corresponde aquella gracia, según el consejo de la propia voluntad de Dios, en su debido tiempo17.

7. El sacramento del bautismo ha de administrarse una sola vez a cada persona18.

1 Mateo 28:19 2 1 Corintios 12:13 3 Romanos 4:11 Colosenses 2:11, 12 4 Gálatas 3:27 Romanos 6:5 5 Tito 3:5 6 Marcos 1:4 7 Romanos 6:3, 4 8 Mateo 28:19, 20 9 Mateo 3:11 Juan 1:33 Mateo 38:19, 20 10 Hechos 2:41 16:33 Marcos 7:4 Hebreos 9:10, 19-22 11 Marcos 16:15, 16 Hechos 8:37, 38 12 Génesis 17:7, 9 Gálatas 3:9, 14 Colosenses 2:11, 12 Hechos 2:38 Romanos 4:11, 12 1 Corintios 7:14 Mateo 28:19 Marcos 10:13-16 Lucas 18:15 13 Lucas 7:30 con Éxodo 4:24-26 14 Romanos 4:11 Hechos 10:2, 4, 22, 31, 45, 47 15 Hechos 8:13, 23 16 Juan 3:5, 8 17 Gálatas 3:27 Tito 3:5 Efesios 5:25, 26 Hechos 2:38, 41 18 Tito 3:5

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Capítulo 29 De la Cena del Señor

1. Nuestro Señor Jesús, la noche en que fue entregado, instituyó el sacramento de su cuerpo y sangre, llamado la Cena del Señor, para que se observara en su iglesia hasta el fin del mundo, para un recuerdo perpetuo del sacrificio de sí mismo en su muerte, para sellar en los verdaderos creyentes los beneficios de la misma, para su alimentación espiritual y crecimiento en Él, para un mayor compromiso en y hacia todas las obligaciones que le deben a Cristo; y para ser una ligadura y una prenda de si comunión con Él, y entre ellos mutuamente, como miembros de su cuerpo místico1.

2. En este sacramento Cristo no es ofrecido a su Padre, ni se hace ningún verdadero sacrificio por la remisión de los pecados de los vivos o de los muertos2, sino que solamente es una conmemoración del único ofrecimiento de sí mismo y por sí mismo en la cruz, una sola vez para siempre, y una ofrenda espiritual de la mayor alabanza posible por esa causa3. Así que el sacrificio papal de la misa, como ellos le llaman, es la injuria más abominable al único sacrificio de Cristo, la única propiciación por todos los pecados de los elegidos4.

3. El Señor Jesús, en este sacramento, ha ordenado a sus ministros que declaren al pueblo su palabra de institución, que oren y bendigan los elementos del pan y del vino, y que los aparten así del uso común para el servicio sagrado; que tomen y partan el pan, y beban la copa y (participando ellos mismos), den de los elementos a los comulgantes5; pero no a ninguno que no esté presente entonces en la congregación6.

4. Las misas privadas o la recepción de este sacramento, o de cualquier otro, a solas7, como también el negar la copa al pueblo8, el adorar los elementos, el elevarlos o llevarlos de un lugar a otro para adorarlos, y el guardarlos para pretendidos usos religiosos, es contrario a la naturaleza de este sacramento y a la institución de Cristo9.

5. Los elementos externos de este sacramento, debidamente separados para los usos ordenados por Cristo, tienen tal relación con el Señor crucificado, que verdadera, aunque sólo sacramentalmente, se llaman, a veces por el nombre de las cosas que representan, a saber: el cuerpo y la sangre de Cristo10; no obstante, en sustancia y en naturaleza, esos elementos siguen siendo verdadera y solamente pan y vino, como eran antes11.

6. La doctrina que enseña que se produce un cambio de sustancia del pan y del vino, a la sustancia del cuerpo y la sangre de Cristo (llamada comúnmente transustanciación), por la consagración del sacerdote, o de algún otro modo, es repugnante no sólo a la Escritura, sino también a la razón y al sentido común; echa abajo la naturaleza del sacramento, y ha sido y es, la causa de muchísimas supersticiones, y además una crasa idolatría12.

7. Los que reciben dignamente este sacramento, participando externamente de los elementos visibles13 también participan interiormente, por la fe, de una manera real y verdadera, aunque no carnal y corporal, sino alimentándose espiritualmente de Cristo crucificado y recibiendo todos los beneficios de su muerte. El cuerpo y la sangre de Cristo no están entonces ni carnal ni corporalmente dentro, con o bajo el pan y el vino; sin embargo, están real pero espiritualmente presentes en aquella ordenanza para la fe de los creyentes, tanto como los elementos mismos lo están para sus sentidos corporales14.

8. Aunque los ignorantes y malvados reciben los elementos externos de este sacramento, con todo, no reciben lo significado por ellos, sino que por acercarse indignamente son culpados del cuerpo y de la sangre del Señor para su propia condenación. Entonces, todas las personas ignorantes e impías, como no son aptas para gozar de comunión con Él, tampoco son dignas de acercarse a la mesa del Señor, y mientras permanezcan en ese estado, no pueden, sin cometer un gran pecado contra Cristo, participar de estos sagrados misterios15, ni ser admitidos a ellos16.

1 1 Corintios 11:23-26 10:16, 17, 21 y 12:13 2 Hebreos 9:22, 25, 26, 28 3 1 Corintios 11:24-26 Mateo 26:26, 27 4 Hebreos 7:23, 24, 27 y 10:11, 12, 14, 18 5 Mateo 26:26-28 Marcos 14:22-24 Lucas 22:19, 20 1 Corintios 11:23-26 6 Hechos 20:7 1 Corintios 11:20 7 1 Corintios 10:16 8 Marcos 14:23 1 Corintios 11:25-29 9 Mateo 15:9 10 Mateo 26:26-28 11 1 Corintios 11:26-28 Mateo 26:29 12 Hechos 3:21 con 1 Corintios 11:24-26 Lucas 24:6, 39 13 1 Corintios 11:28 14 1 Corintios 10:16 15 1 Corintios 11:27-29 2 Corintios 6:14-16 16 1 Corintios 5:6, 7, 13 2 Tesalonicenses 3:6, 14, 15 Mateo 7:6

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Capítulo 30 De la Disciplina Eclesiástica

1. El Señor Jesús, como Rey y Cabeza de su iglesia, ha designado en ella un gobierno dirigido por oficiales de la iglesia, diferentes de los magistrados civiles1.

2. A estos oficiales han sido entregadas las llaves del Reino de los Cielos, en virtud de lo cual tienen poder respectivamente para retener y remitir los pecados, para cerrar aquel Reino a los que no se arrepienten tanto por la palabra como por la disciplina, y para abrirlo a los pecadores arrepentidos, por el ministerio del evangelio, y por la absolución de la disciplina, según lo requieran las circunstancias2.

3. La disciplina eclesiástica es necesaria para ganar y hacer volver a los hermanos que ofenden; para disuadir a otros de comete ofensas semejantes; para purgar de la mala levadura que puede infectar toda la masa; para vindicar el honor de Cristo y la santa profesión del evangelio; para prevenir la ira de Dios que justamente podría caer sobre la iglesia si ésta consintiera que el Pacto del Señor y sus signos fuesen profanados por ofensores notorios y obstinados3.

4. Para lograr mejor estos fines, los oficiales de la iglesia deben proceder por la amonestación, por la suspensión del sacramento de la Santa Cena por un tiempo, y por la excomunicación de la iglesia, según la naturaleza del crimen y la ofensa de la persona4.

1 Isaías 9:6-7 1 Timoteo 5:17 1 Tesalonicenses 5:12 Hechos 20:17, 28 Hebreos 13:7, 17, 24 1 Corintios 12:28 Mateo 28:18-20 2 Mateo 16:19 Mateo 18:17, 18 Juan 20:21-23 2 Corintios 2:6-8 3 1 Corintios 5 1 Timoteo 5:20 y 1:20 Mateo 7:6 1 Corintios 11:27-34 con Judas 23 4 1 Tesalonicenses 5:12 2 Tesalonicenses 3:6, 14, 15 1 Corintios 5:4 5:13 Mateo 18:17 Tito 3:10

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Capítulo 31 De los Sínodos y Concilios

1. Para el mejor gobierno y mayor edificación de la iglesia, deben haber tales asambleas como las comúnmente llamadas Sínodos o Concilios1.

2. Así como los magistrados pueden lícitamente convocar un sínodo de ministros y otras personas idóneas, a fin de consultar y asesorarse en materia religiosa2, también pueden los ministros de Cristo, por sí mismos, en virtud de su oficio, y cuando los magistrados son enemigos declarados de la iglesia, reunirse en tales asambleas con las personas adecuadas delegadas por sus iglesias3.

3. Corresponde a los sínodos y concilios determinar ministerialmente en las controversias de fe y casos de conciencia; establecer reglas e instrucciones para el mejor orden en la adoración pública a Dios y en el gobierno de su iglesia; recibir reclamaciones en casos de mala administración y determinar con autoridad en las mismas. Tales decretos y determinaciones, si son consonantes con la Palabra de Dios, deben ser recibidos con reverencia y sumisión, no sólo por su concordancia con la Palabra, sino también por el poder que los establece, como ordenanza de Dios instituida para este fin en su Palabra4.

4. Todos los sínodos y concilios desde los tiempos de los apóstoles, ya sean generales o particulares, pueden errar, y muchos han errado. Por ello, no se les debe considerar como la regla de fe o práctica, sino como una ayuda para ambas5.

5. Los sínodos y concilios solamente deben tratar y decidir acerca de los asuntos eclesiásticos, y no deben entrometerse en los asuntos civiles, que conciernen al Estado, a no ser por medio de humilde petición, en casos extraordinarios, o por medio de consejo para satisfacer la conciencia, si se lo solicita el magistrado civil6.

1 Hechos 15:2, 4, 6 2 Isaías 49:23 1 Timoteo 2:1, 2 2 Crónicas 19:8-11 2 Crónicas 29 y 30 Mateo 2:4, 5 Proverbios 11:14 3 Hechos 15:2, 4, 22, 23, 25 4 Hechos 15: 15, 19, 24, 27-31 Mateo 18:17-20 5 Efesios 2:20 Hechos 17:11 1 Corintios 2:5 2 Corintios 1:24 6 Lucas 12:13, 14 Juan 18:36

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Capítulo 32 Del Estado del Hombre Después de la Muerte y de la Resurrección de los Muertos

1. Los cuerpos de los hombres vuelven al polvo después de la muerte y ven la corrupción1, pero sus almas (que ni mueren ni duermen), teniendo una subsistencia inmortal, vuelven inmediatamente a Dios que les dio2. Las almas de los justos, siendo entonces hechas perfectas en santidad, son recibidas en los más altos cielos en donde contemplan la faz de Dios en luz y gloria, esperando la completa redención de sus cuerpos3. Las almas de los malvados son arrojados al infierno, en donde permanecen atormentados y envueltas en densas tinieblas, en espera del juicio del gran día4. Fuera de estos dos lugares para las almas que están separadas de sus cuerpos, la Escritura no reconoce ningún otro.

2. Los que se encuentren vivos en el último día, no morirán, sino que serán transformados5, y todos los muertos serán resucitados con sus mismos cuerpos, y no con otros, aunque con diferentes cualidades, y éstos serán unidos otra vez a sus almas para siempre6.

3. Los cuerpos de los injustos, por el poder de Cristo, resucitarán para deshonra; los cuerpos de los justos, por su Espíritu, para honra, y serán hechos entonces semejantes al cuerpo glorioso de Cristo7.

1 Génesis 3:19 Hechos 13:36 2 Lucas 23:43 Eclesiastés 12:7 3 Hechos 12:23 2 Corintios 5:1, 6, 8 Filipenses 1:23 Hechos 3:21 Efesios 4:10 4 Lucas 16:23, 24 Judas 6, 7 Hechos 1:25 1 Pedro 3:19 5 1 Tesalonicenses 4:17 1 Corintios 15:51, 52 6 Job 19:26, 27 1 Corintios 15:42-44 7 Hechos 24:15 Juan 5:28, 29 Filipenses 3:21 1 Corintios 15:43

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Capítulo 33 Del Juicio Final

1. Dios ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia por Jesucristo1, a quien todo poder y juicio es dado por el Padre2. En tal día, no sólo los ángeles apostatas serán juzgados3, sino también todas las personas que han vivido en la tierra, comparecerán delante del Tribunal de Cristo para dar cuenta de sus pensamientos, palabras y acciones, y para recibir conforme a lo que hayan hecho mientras estaban en el cuerpo, sea bueno o malo4.

2. El propósito de Dios al establecer ese día, es la manifestación de la gloria de su misericordia en la salvación eterna de los elegidos, y la de su justicia en la condenación de los réprobos, que son malvados y desobedientes. Y entonces entrarán los justos en la vida eterna y recibirán la plenitud de gozo y refrigerio que vendrá de la presencia del Señor; pero los malvados, que no conocen a Dios ni obedecen el evangelio de Jesucristo, serán arrojados al tormento eterno y castigados con perdición perpetua, lejos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder5.

3. Así como Cristo quiso que estuviésemos ciertamente persuadidos de que habrá un día de juicio, tanto para disuadir a todos los hombres de pecar, como para el mayor consuelo de los piadosos en su adversidad6, así también mantendrá ese día desconocido para los hombres, para que se desprendan de toda seguridad carnal y estén siempre vigilando, porque no saben a qué hora vendrá el Señor; y estén siempre listos para decir: Ven, Señor Jesús: ven pronto. Amén7.

1 Hechos 17:31 2 Juan 5:22, 27 3 1 Corintios 6:3 Judas 6 2 Pedro 2:4 4 2 Corintios 5:10 Eclesiastés 12:14 Romanos 2:16 y 14:10, 12 Mateo 12:36, 37 5 Mateo 25:31-46 Romanos 2:5, 6 9:22, 23 Mateo 25:21 Hechos 3:19 2 Tesalonicenses 1:7-10 6 2 Pedro 3:11, 14 2 Corintios 5:10, 11 2 Tesalonicenses 1:5-7 Lucas 21:27, 28 Romanos 8:23, 25 7 Mateo 24:36, 42, 44 Marcos 13:35-37 Lucas 12:35, 36 Apocalipsis 22:20

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Editado por Edgar A Ibarra Jr

y

Joel Chairez



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