Presbiteriano Reformado - La Vida de Patrick Hamilton



La Vida de PATRICK (Patricio) HAMILTON

1503-1528

Tomado de la

Biografía Escocesa

por

John Howie.

Patrick Hamilton

El lugar donde Patrick Hamilton sufrió su martirio

Patrick Hamilton nació en el año 1503 de nuestro Señor, y fue el sobrino del Conde de Arran por medio de su padre, y al duque de Albany por medio de su madre; además era pariente al rey Jacobo V de Escocia. Obtuvo una educación cuando fue muy joven con el meto de una futura posición muy alta y se le fue dado la abadía de Ferm, con el propósito de proseguir sus estudios; cuales hizo con gran asiduidad. Para cumplir este designio laudable, resolvió viajar a Alemania. La fama de la universidad de Witenburgo era entonces muy grande y atrajo a muchos de lugares lejos, entre los cuales fue Hamilton. él fue el primero que introdujo diputaciones públicas sobre la fe y obras, y tales preguntas teológicas, en la universidad de Marpurgo, en la cual fue apoyado por Francis Lambert; de la cual amistad gano mucho. Aquí él conoció con esto reformadores eminentes, Martín Lutero y Felipe Melancthon, aparte de otros hombres eruditos de su sociedad. Por estos maestros distinguidos él fue instruido en el conocimiento de la verdadera fe, cual tuvo poca oportunidad de ser conocido dentro su propio país, porque los pequeños restos que estaban en Escocia en ese tiempo, estaban debajo el yugo de opresión. él hizo una habilidad asombrosa en este estudio muy importante, y fue pronto tan celoso en la profesión de la verdadera fe, así como había sido diligente en lograr el conocimiento de ello. Esto trajo los ojos de muchos sobre él, y mientras ellos esperaban con impaciencia para ver que parte actuaría, él llego a esta resolución, de regresar a su propio país, y allí en frente de todos los peligros comunicar la luz que él había recibido.

Por consiguiente, siendo aún un joven, no más que veinte-tres años, comenzó, sembrando las semillas de la Palabra de Dios donde quiera que llegaba, exponiendo las corrupciones de la iglesia de Roma, y señalando los errores que habían entrado en la religión cristiana como era profesado en Escocia. Fue recibido con favor y seguido por muchos, a los cuales él mostró atentamente el camino de Dios más perfectamente. Su reputación como escolar y con humor cortés, contribuyo mucho en su utilidad en esta buena obra.

La cuidad de San Andrés era en este tiempo el gran cita del clero católico-romano, y puede, sin impropiedad, ser llamado el metrópoli del reino de las tinieblas. James Beatón era el arzobispo, Hugo Spence decano de la divinidad, John Waddel rector, James Simson oficial, Thomas Ramsay canon y decano de la abadía, con los varios superiores de los diferentes ordenes de monjes y frailes. No se pudo espectar, que la conducta del señor Hamilton iba ser por mucho tiempo ocultado de tal grupo como esta. El resentimiento de estos contra él pronto subió a los más altos de rabia persecutora; en particular el arzobispo, quien era el canciller del reino y así muy poderoso, llego ser su inveterado enemigo. Pero siendo no menos político que cruel, el arzobispo oculto su designio contra él, hasta lo había traído al emboscada preparada para él, cual efecto por prevaleciendo sobre él de asistir a una conferencia en San Andrés. En llegando al lugar, Alexander Campbell el jefe de los frailes negros, quien había sido apuntado de ejercer sus facultades para reclamarlo, tuvo varios conversaciones privadas con él, en las cuales aparece que reconoció la fuerza de las objeciones del señor Hamilton contra la conducta prevalecido del clero y los errores de la iglesia católica-romana. Tales persuasiones que Campbell uso para traerlo de regreso al papado, en vez tuvo la tendencia de confirmarlo en la verdad. El arzobispo y el clero inferior apareció hacer concesiones con él, concediendo que muchas cosas tenían la necesidad de reforma, cuales él deseaban que podría llegar a cabo. Si fueron sinceros en estos reconocimientos, o solamente propusieron a ocultar sus designios sangrientos, y rendir el inocente y confiado victima de su rabia más seguro, es una pregunta a la cual esta respuesta se puede dar, Si hubieran sido sinceros, la conciencia que el señor Hamilton hablo la verdad, tal vez hubiera evitado el golpe, por, lo mínimo un poco más de tiempo, o dividido sus concilios y medidas contra él. Que ni uno de estos fueron el caso ahora se vera. Fue arrestado en la noche, puesto prisionero en el castillo: al mismo tiempo, el rey joven estaba, por la solicitación urgente del clero, persuadido de tomar una peregrinación a San Dotes en Rossshire, para quitarlo del camino de cualquier aplicaciones hecho a él por la vida del señor Hamilton, cual había razón de creer que hubiera sido dado. Está medida da prueba fija, que sin embargo las conversaciones amistosas que mantuvieron con él por un tiempo, habían acordado a su ruin desde el principio: pero tales casos de disimulaciones papisticas no eran nuevos aún en los tiempos del señor Hamilton.

El próximo día después de su encarcelamiento, fue traído ante del arzobispo y su convención, y allí culpado de mantener y propagar diversos opiniones herejes; y aunque artículos de sumo importancia había sido debatido entre él y ellos, restriñidos a tales naderías como peregrinaciones, purgatorio, oración a los santos, y por los muertos; tal vez porque estos eran los grandes pilares sobre cual el anticristo edifico su imperio, estos siendo las doctrinas más lucrativas inventadas por el hombre. Tenemos, sin embargo, notar que Spotswood después el arzobispo de esa sede, asigna las siguientes razones por su sufrimiento, 1. Que la corrupción de pecado permanece en los niños después de su bautismo. 2. Que ningún hombre por el poder de su libre albedrío puede hacer cualquier bien. 3. Que ningún hombre esta sin pecado cuanto viva. 4. Que cada verdadero cristiano puede saber que esta en un estado de gracia. 5. Que ningún hombre es justificado por las obras sino por la fe solamente. 6. Que las buenas obras no hacen a un hombre bueno, sino que un buen hombre hace buenas obras, y que un hombre mal hace malas obras, aún las mismas malas obras, verdaderamente arrepentido de ello, no hace un hombre malo. Que la fe, la esperanza, y la caridad son tan juntas, que uno que tiene unas de ellas tiene todas, y él que le falta una le falta todas. 8. Que Dios es la causa del pecado, en este sentido, que él quita Su gracia del hombre; y con la gracia quitada, él no puede sino pecar. Estos artículos con lo siguiente estabilizan el cargo entero, 1. Que la confesión auricular no es necesaria para la salvación. 2. Que la penitencia actual no puede comprar la remisión de pecados. 3. Que no existe el purgatorio, y que los santos patriarcas estaban en el cielo antes de la pasión de Cristo. 4. Que el papa es el anticristo, y que cada sacerdote tiene tal poder como él. Por estos artículos, y porque rehúso de renunciarlos, fue condenado como un herético obstinado, y entregado a los poderes seculares por el arzobispo de San Andrés y Glasgow, tres obispos y catorce subordinados, quienes poneros sus manos a la sentencia, cual, para que tuviera autoridad más grande, fue también abonado por cada persona de importancia en la universidad, entre los cuales el conde de Cassils era uno, entonces no más que trece años. La sentencia siguiente es dada por John Foxe, en su obra Los Actos y Monumentos de los Mártires, vol. II. P. 1108.

CHRISTI nomine invocato[1]: Nosotros Jacobo, por la misericordia de Dios, el arzobispo de San Andrés, el primado de Escocia, con el consejo, decreto, y la autoridad de los más venerables padres en Dios, y los señores, abades, doctores de teología, profesores de las sagradas escrituras y maestros de la universidad, apoyándonos por el momento, sentados en juicio, dentro nuestra iglesia metropolitana de San Andrés, en la causa de la herejía depravada, contra el señor Patrick Hamilton, abad de Ferm, sido llamado de aparecer en frente de nosotros, para contestar ciertos artículos afirmado, enseñado, y predicado por él, y así apareciendo ante nosotros, y acusado, por los meritos del causo siendo maduramente medida, discutida, y entendida por la inquisición fiel hecho en la Cuaresma pasada: Hemos encontrado el mismo señor Hamilton, de muchas maneras infamado con herejía, disputando y manteniendo diversos herejías de Martín Lutero y sus seguidores, repugnantes a nuestra fe, y cual es ya condenada por concilios generales y universidades muy famosas. Y él estando debajo la misma infamia, percibimos ante él de ser convocado y acusado sobre las premisas, él de una mente mala, (como pueda ser presumido) paso a otras partes, hacía el reino, sospechado y notado de herejía. Y regresando de nuevo, no siendo admitido, sino de su propio cabeza, sin licencia o privilegio, ha presumido de predicar herejía malvada.

También Hemos encontrado, que él ha afirmado, publicado, y enseñado diversos opiniones de Lutero, y herejías malvadas después que fue llamado de aparecer ante nosotros y nuestro concilio: Que el hombre no tiene libre albedrío: Que el hombre esta en el pecado en cuanto que él este viviendo: Que hijos, incontinente después de su bautismo, son pecadores: Todos los cristianos que son dignos de ser llamados cristianos, si saben que están en la gracia: Ningún hombre es justificado por las obras, sino por la fe solamente: Las buenas obras no hacen a un hombre bueno, sino que un hombre bueno hace buenas obras: Que la fe, la esperanza, y el amor son tan atados, que él que tiene uno tiene los otros, y que él que le falta uno le falta los otros, y etc., con diversos otros herejías y opiniones odiosos; y ha persistido tan obstinado en lo mismo, que por ningún consejo ni persuasión, se puede salir de esto, hacía el camino de nuestra correcta fe.

Todas estas premisas tomado en consideración, nosotros teniendo a Dios y la integridad de nuestra fe frente de nuestros ojos, y siguiendo el consejo y consulta de los profesores de la Sagrada Escritura, hombres de ley y otros asistiéndonos por el momento, pronunciamos, determinamos, y declaramos que este señor Patrick Hamilton, por afirmando, confesado, y manteniendo de los dichos herejías, y su pertinacia (siendo ya condenado por la iglesia, concilios generales, y las universidades más famosas) de ser un hereje, y de tener un opinión malvada de la fe, y así pues de ser condenado y castigado, como nosotros condenamos, y los definimos de ser castigado, con esta declaración definitiva nuestra, privarlo y sentenciarlo, de ser privado de todas las dignidades, honores, ordenes, oficios, y beneficios de la iglesia; y así pues juzgamos y lo pronunciamos de ser entregado al poder secular, de ser castigado, y sus bienes confiscados.

Esta sentencia definitiva, fue dado y leído en nuestra iglesia metropolitana de San Andrés, el último día del mes febrero, año 1527, estando presentes, los padres más venerables en Cristo y los señores, Gawand obispo de Glasgow, George obispo de Dunkelden, John obispo de Brecham, William obispo de Dunblane, Patrick, prior de San Andrés, David abad de Aberbrothock, George abad de Dunfermline, Alexander abad de Cambuskenenth, Henry abad de Lendors, John prior de Pitterweene, el decano y subdecano de Glasgow, Sr. Hugo Spence, Thomas Ramsay, Allan Meldrum y etc. En la presencia del clero y el pueblo.

[1] Del Latín: invocamos el nombre de Cristo.

El mismo día que esta condenación fue pronunciada, fue también condenado por el poder secular, y en la tarde del mismo día, (por temor de una aplicación al rey por su parte) fue apurado a la estaca, el fuego ya preparado, inmediatamente después de la cena, en frente del viejo colegio. Llegando al lugar de su martirio, se quito su ropa y se lo dio a un sirviente quien había estado con él por mucho tiempo, diciendo, «Estas cosas no me ayudaran en el fuego, aún será de algún bien para ti; No tengo más de darte, sino un ejemplo de mi muerte, cuál, oró, mantengas en mente; aún no obstante lo mismo sea amargo y amargo en el juicio del hombre, aún es la entrada a la vida eterna, cual nadie puede heredar que niega a Cristo ante esta generación malvada». Habiendo dicho esto, encomendó su alma en las manos de Dios, con sus ojos fijados hacía el cielo, y siendo atado a la estaca en medio de algunos carbones, madera, y otro combustibles, un tren de polvo fue hecha, con el propósito de encender el fuego, pero no tuvo excito, la explosión solamente quemando unos de sus manos y cara. En esta situación se quedo hasta que más polvo se trajo del castillo, mientras este tiempo sus discursos confortables y piadosos fueron seguidamente interrumpidos, particularmente por el fraile Campbel declarándole que «se arrepiente, ore a nuestra Señora y diga, Salve regina[2]». Siendo disturbado de repetidas veces en esta manera por Campbel, Sr. Hamilton dijo, «Hombre malo, sabes que no soy hereje, y que es la verdad de Dios, por la cual ahora sufro; esto me confesaste en privado, y sobre esto te apelo que contestes ante la silla de juicio de Cristo». Para este tiempo el fuego fue encendido, y el noble mártir entrego su alma a Dios, gritando, «¿Cuánto tiempo, o Señor, irá la oscuridad agobiar este reino? ¿Cuánto tiempo dejaras sufrir esta tiranía del hombre?» Y después termino sus palabras con Esteban, diciendo, «Señor Jesús, recibe mi espíritu».

Fraile Campbell luego fue distraído, y murió entre un año después del martirio del Sr. Hamilton, debajo los más atroz aprensiones de las indignaciones del Señor contra él. El clero papistica del extranjero felicitaron sus amigos en Escocia, sobre su celo por la fe romana en la tragedia esta. Sin embargo sirvió la causa de la reforma en vez de retardarlo, especialmente cuando la gente comenzó a comparar deliberadamente el comportamiento del Sr. Hamilton y fraile Campbell junto, fueron inducidos de investigar más estrecho la verdad que antes. La única obra que nos queda del Sr. Hamilton es titulada, Loci Communes Theologici: Los Lugares Comunes de la Teología.

[2] En Latín: Sálvame Reina


Traducido por Edgar A Ibarra Jr



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