Presbiteriano Reformado - Los Salmos, el Himnario de la Iglesia





El Salterio de Ginebra en Español

 

Aquí le presentamos el Salterio de Ginebra en completo incluyendo el prefacio que Juan Calvino escribió. El Salterio y el prefacio han sido traducido por el Rev. Jorge Ruiz Ortiz, Pastor de la Iglesia Cristiana Presbiteriana en Miranda de Ebro, España.



¿Cómo se debería alabar y adorar a Dios en cuanto a cánticos? ¿Nos ha dicho Dios cómo deberíamos alabarle y nos ha dado un himnario para este gran obligación y privilegio? Dios si nos ha mandado de alabarlo con cánticos pero cánticos que él nos ha dado y nunca ha dado permiso, después de los Salmos, de inventar más canciones para utilizarlos para la alabanza pública de Dios. él nos ha dado los 150 Salmos para ofrecerle en alabanza, todos inspirados por El Espíritu Santo. Himnos escritos hoy en día, aun sean con buenas intenciones y santidad no son directamente inspirados por el Espíritu Santo y así pues no son mandados por Dios y es un especie de idolatría de ofrecerlas porque es una invención del hombre y cada invención del hombre en la adoración de Dios no mandado es idolatría y pecado contra Dios.

Está posición o mejor doctrina, se llama El Principio Regulativo de Adoración. John (Juan) Knox lo expresó así en su libro La Misa es Idolatría escrito en 1550:


«Toda alabanza, honra o servició inventado por el cerebro del hombre en la religión de Dios, sin su mandamiento expresado, es idolatría.»

 

Así lo mantuvieron los reformadores de los siglos 16 y 17 y fue la posición de la asamblea de Westminster de 1640´s y la asamblea general de la Iglesia de Escocía del mismo tiempo. La asamblea general de la Iglesia de Escocia aprobó el Salterio Metrificado para uso en alabanza pública y privada como agradable hacia Dios. El Salterio fue traducido al español por medio de Juan le Quesne (también conocido como Juan Enzinas) pero por razón de la persecución de la Iglesia de Roma nunca pudo terminar de metrificar todos los 150.

 

El Salterio, el único himnario de la Iglesia